Londres

Los «tories» se acercan al UKIP para evitar la debacle

Los euroescépticos rompen el mapa político británico al lograr escaño en Westminster

LA SONRISA DEL TRIUNFO. Un pletórico Nigel Farage, ayer, tras los cristales de la sede del UKIP en Clacton
LA SONRISA DEL TRIUNFO. Un pletórico Nigel Farage, ayer, tras los cristales de la sede del UKIP en Clactonlarazon

El «premier» David Cameron está contra las cuerdas. Sus propias filas le presionan más que nunca para poner fin a la coalición actual del Gobierno con los liberaldemócratas y poder así radicalizar su mensaje migratorio y comunitario después de que el euroescéptico UKIP hiciera ayer historia al conseguir su primer escaño en Westminster.

No ha sido necesario esperar a las elecciones generales de mayo para ver a Nigel Farage meter a su particular Caballo de Troya en la Cámara de los Comunes. En los comicios celebrados en el distrito de Clacton, en los que se registró una espectacular participación del 51%, Douglas Carswell, que abandonó en verano las filas «tories» para unirse a la formación que quiere sacar al Reino Unido de la UE, arrasó recuperando su escaño con 12.404 votos, 336 más de los que consiguieron los conservadores en las elecciones generales de 2010.

El triunfo no sólo supone un auténtico terremoto político que pone en jaque al sistema bipartidista, sino que complica a Cameron la tarea para conseguir la mayoría absoluta el año que viene. Es más, algunos analistas dudan incluso de que vaya a permanecer en el poder. El clima actual recuerda al vivido en 1993, año en el que se fundó el UKIP, precisamente como resultado de una revuelta interna «tory» tras la firma de John Major del Tratado de Maastricht. Ya hay varias voces que incluso están pidiendo una alianza con los de Nigel Farage para evitar una catástrofe en los comicios que tendrán lugar dentro de siete meses. Después de gobernar en coalición con los liberaldemócratas, tampoco supondría una idea descabellada, pero el primer ministro cierra completamente las puertas a un posible pacto.

Los de Nick Clegg han perdido tres cuartas partes del apoyo recibido en 2010 y ahora el UKIP les ha arrebatado el puesto de tercera formación. Los euroescépticos ya se convirtieron en protagonistas absolutos en los comicios europeos consiguiendo 24 eurodiputados, con casi un 30% de los votos. Pero el triunfo de ayer constituye una verdadera revolución. El particular y poco representativo sistema electoral británico para elegir a los diputados –el llamado First Past the Post (el primero ocupa el puesto)– hace realmente difícil la entrada en la Cámara Baja de las formaciones minoritarias. Cuando éstas consiguen acaparar titulares en elecciones europeas o de otro tipo (con otro sistema electoral) los expertos advierten de que el llamado voto protesta afectará luego más bien poco al escenario de Westminster. Y hasta ahora no se equivocaban. Pero con la irrupción del UKIP se han roto los esquemas. El mismo Farage señalaba ayer: «El sistema ha sido sacudido. La gente a menudo me decía que le gustaba, pero no votaba por mí, ya que no podía ganar. Ahora todo cambia. Y el cambio en la percepción en la calle es muy, muy importante».

Para los conservadores, la victoria euroescéptica en Clacton estaba asumida. Según se comenta en la formación, la verdadera prueba de fuego tendrá lugar el mes que viene, cuando el distrito de Rochester y Strood celebre otros comicios tras la deserción del diputado Mark Reckless, que también abandonó a los «tories» buscando cobijo en el UKIP. De aquí hasta las elecciones comicios generales se esperan más desbandadas. En este sentido, Cameron es consciente de que necesita una estrategia para recuperar al votante. Por eso no extrañó que en el congreso anual que el partido celebró la semana pasada, el «premier» renovara su promesa para convocar un plebiscito en 2017 sobre la permanencia del Reino Unido en la UE.

Una amenaza también para los laboristas

Tras la muerte del diputado laborista Jim Dobbin se celebraron ayer «by-election» en el distrito de Heywood y Middleton y, aunque los laboristas lograron conservar su escaño, no sacaron la ventaja esperada y el UKIP quedó en segundo lugar. La oposición, liderada por Ed Miliband, veía hasta ahora el avance euroescéptico como una herramienta para obstaculizar la victoria electoral «tory». Pero lo cierto es que cada vez más diputados han advertido de que la pasividad que han demostrado está permitiendo a los de Nigel Farage robar también los votos de la clase obrera, cuya lealtad al Partido Laborista ya quedó en entredicho en el referéndum de Escocia, cuando votaron por la secesión. En este sentido, mientras que los conservadores llevan meses preparándose ante la escalada del enemigo, los laboristas no cuentan con ninguna estrategia. Y no hay duda de que la necesitan porque el árbol euroescéptico empieza a echar raíces en su electorado.

¿Ha muerto el bipartidismo?

Cameron gobierna gracias a su coalición con los liberaldemócratas, pero el sistema británico sigue siendo fundamentalmente bipartidista. Si se confirman los sondeos que anuncian la debacle de los de Nick Clegg y la ascensión del UKIP en las generales de 2015, pasarán a ser cuatro los jugadores de la próxima partida.