MARCbot, un veterano contra francotiradores

El robot que acabó con el asesino de Dallas pesa 15 kilos y mide 60 centímetros de largo. Se usó en Afganistán e Irak, donde mató por primera vez.

El robot que acabó con el asesino de Dallas pesa 15 kilos y mide 60 centímetros de largo. Se usó en Afganistán e Irak, donde mató por primera vez.

Lo confirmó ayer la propia Policía de Dallas. Sus agentes utilizaron un robot a control remoto para acabar con el ex militar que mató el viernes a cinco agentes en la ciudad tejana. Como no se veía otra opción, y con la intención de no sumar más bajas, se usó uno de los tres robots que la Policía local tiene en plantilla para solucionar una crisis derivada de la tensión racial de los últimos días. Según todos los expertos, es la primera vez que se utiliza esta táctica en suelo estadounidense y en conflictos civiles.

Pese a que el primer uso de robots en escenarios bélicos podría remontarse a la guerra de Irak, cuando los soldados estadounidenses evitaban emboscadas utilizándolos contra francotiradores ocultos, la realidad es que este tipo de tecnología es mucho más antigua. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Ejército alemán recurrió a unos robots llamados Goliath (Leichter Ladungsträger Goliath, en alemán) que se controlaban de forma remota y podían transportar entre 60 y 100 kilos de explosivos. Pesaban, sin carga, unos 370 kilos, medían 1,5 metros de largo y 0,85 de ancho. Tenían un radio de acción de 1,5 kilómetros y se utilizaban para destruir edificios, tanques y también contra formaciones militares enemigas. En total, se construyeron más de 7.000 de estos robots.

Más cerca en el tiempo, la tecnología robótica comenzó a utilizarse para desactivar bombas, hacer explotar paquetes sospechosos y hasta para negociar con delincuentes. Cuentan con cámara, sistema de audio, micrófono y un alcance cercano a los dos kilómetros. En 2013 un equipo SWAT (el escuadrón Especial de Armas y Tácticas de la Policía) recurrió a un robot como el que actuó en Dallas, un MARCbot, para lidiar con Stephen Fought, un esquizofrénico que se había encerrado en su habitación y estaba armado. En aquel caso, el robot llevaba munición química para confundir a Fought, nada más. Los robots que se utilizan en seguridad tienen un tamaño que va desde una lata de bebida a una maleta de gran tamaño. Cuentan con ruedas, orugas y hasta pequeños rotores que les permiten elevarse, o estructuras móviles que les dan la capacidad de reptar en terrenos complicados.

La firma que ha desarrollado el MARCbot (Multi-function Agile Remote-Controlled Robot, o Robot Ágil y Multifuncional a control remoto) es Exponent y desde inicios de los años 2000 ha fabricado un millar de unidades. Al menos, 200 de ellas se encuentran actualmente en edificios federales y gubernamentales de diversas ciudades estadounidenses. El MARCbot cuenta con cuatro ruedas, una batería de hasta seis horas de duración, un altavoz, un micrófono y un brazo mecánico. Su rango de acción es de unos 300 metros y se controla mediante un mando y una pantalla. Mide 60 centímetros de longitud aproximadamente y pesa unos 15 kilos.

El MARCbot fue el primer robot que mató una persona en Irak, de acuerdo con el experto en tecnología militar y autor del libro «The Changing Character of War», Peter W. Singer. El ejército de Estados Unidos los cargaba con minas Claymore y los hacía estallar en zonas de difícil acceso. Es importante destacar que este tipo de robots están controlados todo el tiempo por humanos y no tienen ningún tipo de autonomía o capacidad de decisión, como los vehículos que circulan por algunas carreteras.

Tras fracasar las negociaciones con Micah Xavier Johnson, la Policía Local de Dallas decidió utilizar el MARCbot para terminar con su vida. «No vimos ninguna otra opción que utilizar el robot bomba y colocar un dispositivo en su brazo para que detone al acercarse al sospechoso – aseguró a la prensa el jefe de la Policía de Dallas, David Brown–. Otras opciones habrían expuesto a nuestros oficiales a un gran peligro. El sospechoso ha fallecido como consecuencia de la detonación de la bomba».

El tiroteo terminó, pero la acción, por pionera en muchos aspectos, ha generado un debate ético en el que abundan las preguntas y, más importante aún, no sabemos qué responder debido a que se trata de territorio inexplorado en la vida civil.