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México expulsa a los inmigrantes centroamericanos a petición de Trump

A petición de Trump, el Gobierno de López Obrador comienza a devolver a recién llegados a sus países de origen. Muchos de ellos son solicitantes de asilo en EE UU

México ha comenzado a devolver a sus países de origen a migrantes centroamericanos que aspiran a conseguir refugio en Estados Unidos. La decisión supone una vuelta de tuerca más en la crisis migratoria regional y va a propiciar que muchos migrantes regresen al punto de partida. Tendrán que esperar durante meses a que se resuelva su petición de asilo en el mismo lugar del que salieron huyendo a causa del hambre y la violencia.

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México ha ofrecido tradicionalmente regresos voluntarios a migrantes en situación irregular, la novedad en esta ocasión es que está empezando a devolver a los que se comprometió a recibir desde Estados Unidos, cuyo estatus es legal después del polémico acuerdo que firmaron ambos países hace un mes por el que Washington ya ha enviado de vuelta a México más de 18.500 centroamericanos mientras se resuelve su petición de asilo.

Mientras tanto en Estados Unidos preparan un operativo para arrestar y deportar a miles de migrantes en situación irregular, la mayoría mexicanos. Una serie de redadas que comenzarán hoy y han generado preocupación en el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). El secretario de Exteriores, Marcelo Ebrard, señaló hace unos días que defenderán a sus compatriotas en Estados Unidos a través de la red consular y «si es necesario, me voy a Estados Unidos a encabezar la defensa de nuestros connacionales». El 2 de julio salió el primer autobús desde Ciudad Juárez (Chihuahua) en el extremo norte del país con 69 migrantes centroamericanos de regreso a Guatemala, Honduras y El Salvador y próximamente partirán más grupos desde Tijuana y Mexicali. Muchos de los que viajaban eran familias con niños que realizaron un trayecto de día y medio por carretera.

Un informe de la organización Human Rights Watch publicado recientemente concluye que los centroamericanos enfrentan condiciones potencialmente peligrosas e insostenibles después de que las autoridades estadounidenses los envían de regreso a México. «El Gobierno estadounidense ha fomentado la peligrosa fantasía de que los solicitantes de asilo enviados de regreso a México tendrán acceso a trabajo y albergue y una oportunidad justa ante los tribunales de inmigración estadounidenses», dijo la coautora del informe Clara Long. Si bien el programa de retorno es voluntario, las condiciones de extrema dificultad en la frontera sirven de acicate para regresar. Explican bien la situación las palabras de una trabajadora de migración en México a LA RAZÓN: «Siempre se les da esa opción (el retorno) pero no la toman hasta que están muy fastidiados».

El Gobierno mexicano dijo esta semana que cuenta con 16 albergues en el norte del país y la industria ha ofrecido 3.700 puestos de trabajo para migrantes, pero los efectos aún no se notan. Los albergues no dan abasto y la situación de los migrantes es muy precaria, más aún cuando el proceso de resolución del asilo se está dilatando durante varios meses. Pasar ese tiempo varados en la frontera «es un gasto inasumible» para la mayoría, como contó a este diario un trabajador de la Casa del Migrante de Matamoros, en la frontera noreste. Un migrante hondureño que habló con LA RAZÓN desde la misma ciudad, dijo que le habían dado cita para febrero de 2020.

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A la presión económica se suma la violencia de las ciudades a las que llegan los migrantes. La investigadora Long indica que «la realidad es que los funcionarios fronterizos estadounidenses están abandonando a madres con niños pequeños y otros migrantes vulnerables en ciudades fronterizas de México donde su seguridad está en riesgo». Tijuana, Mexicali, Juárez, Reynosa, Matamoros... son lugares peligrosos con altos índices de homicidios donde se han dado casos de secuestro, extorsión y asesinato de migrantes.