Guerras

Los niños soldado de África: un desastre actual pero pasado de moda

República Centroafricana, Etiopía, Sudán, Sudán del Sur, República Democrática del Congo, Nigeria y Burkina Faso son países donde han combatido menores en los últimos 5 años

Niños soldado en República Democrática del Congo.
Niños soldado en República Democrática del Congo. Alfonso Masoliver

La imagen es de sobra conocida. Son niños de diez u once años vestidos con el uniforme de la guerrilla, flacos, colgándoles la AK-47 a la altura de la rodilla, la mirada desvencijada y endurecida por los horrores prematuros que les tocó vivir. Son los niños soldado de África: carne de cañón de Hollywood y de sus sargentos, números indefinidos que se diseminan por las esquinas del continente. Su participación en las guerras de finales del siglo XX y principios del XXI desató un boom de campañas humanitarias que pretendían poner freno al uso de menores en la guerra, con un éxito relativo y desgastado con el paso del tiempo. Hoy, decenas de miles de menores imposibles de cuantificar participan de forma directa en varios conflictos en curso en el continente.

Los niños soldado de África, una imagen aparentemente superada, siguen, sin embargo, muy presentes en varios de los conflictos que desangran al continente. La prolongación de los enfrentamientos con la consiguiente escasez de combatientes adultos, los altos niveles de desplazados y la fácil manipulación de los infantes hacen de ellos uno de los recursos más utilizados en esas guerras escondidas del marco mediático.

República Centroafricana

Fue Marthe Kirima, ministra de Familia y Género en República Centroafricana, quien alzó la voz esta semana para denunciar que alrededor de 10.000 niños soldado combaten actualmente junto con los distintos grupos armados que participan en la guerra civil que empezó hace una década. Determinó que su uso es de lo más variado, desde los combates propiamente dichos hasta su captación para ser utilizados como espías, mensajeros, cocineros e incluso esclavos sexuales. Porque ser niño soldado no exige necesariamente tomar el arma y buscar honor en la lucha; existen traumas más profundos para ese niño lejos de su madre (si su madre sigue viva).

La muerte en directo es uno de esos traumas, pero también la proliferación del uso de drogas para facilitar su sumisión a los jefes. Es conocido el uso de drogas que hacía el Frente Unido Revolucionario (RUF) con sus niños soldado en Sierra Leona, en la década de 1990: marihuana y alcohol para todos. Cigarrillos, anfetaminas. Algunos testimonios de esos niños de adultos también hablaban de cocaína. Las drogas permiten a los capitanes manipular a los niños, anfetas para combatir, alcohol para relajarle, y lo mismo se hizo en la guerra civil de Liberia (1989-1996).

Kirima señaló que al menos 15.000 menores han conseguido escapar en los últimos años del control de los grupos armados centroafricanos, y que muchos cargan consigo graves traumas que impiden un retorno adecuado a la vida civil. República Centroafricana se convirtió en 2018 en la nación número 167 en firmar el Protocolo opcional relativo a la participación de niños en los conflictos armados (OPAC por sus siglas en inglés), un tratado impulsado por Naciones Unidas, y el país se enfrenta ahora al interrogante que cuestiona cómo integrar a los niños de la guerra en una futura sociedad pacífica. La depresión producida por los traumas del combate, las inclinaciones suicidas, la ansiedad, los comportamientos agresivos, el alejamiento social y la discriminación pueden considerarse como los obstáculos más habituales a los que se enfrenta un niño soldado tras su retorno a la sociedad.

Etiopía

Empuñar el fusil parece en ocasiones la única manera que tienen los niños de sobrevivir. Así lo explicaba la madre superiora del centro de las Hermanas de la Caridad en Alamata (Etiopía), cuando recordaba a los niño soldado entrar en la localidad durante la guerra de Tigray (2020-2022): “Era ridículo verlos con el arma colgada, casi la llevaban arrastrando y yo me preguntaba de dónde sacaban fuerzas para disparar […]. Pero esos niños estaban mejor alimentados que los no combatientes”. Aquí se encontraba la supervivencia escondida en el arma que arrastraban, cuando Tigray sufrió un fuerte bloqueo del gobierno federal de Etiopía y se impidió durante meses el paso de alimentos a la región rebelde. Esto derivó en una hambruna que terminó con la vida de 600.000 personas en menos de dos años, entre combatientes y víctimas del hambre y las enfermedades.

La madre superiora explicaba que el Frente de Liberación Popular de Tigray (FLPT) reservaba la comida para los combatientes. Eran ellos quienes debían estar fuertes para luchar. Los niños, más débiles que un hombre adulto y menos necesarios para el objetivo principal en este contexto, generalmente no tenían acceso a las cantidades de alimentos que se reservaban para los combatientes. Esto provocó que muchos progenitores prefirieran enrolar a sus hijos donde un plato diario estaba garantizado, antes que verlos morir de inanición. El Ejército etíope denunció en repetidas ocasiones el uso de niños soldado como vanguardia en los combates, explicando que los menores de edad eran enviados en “oleadas” y seguidos por los combatientes adultos del FLPT. La madre superiora confirmó que el FLPT ponía a los niños en primera fila de combate para luego acusar al ejército de atacar a civiles.

Pese a los numerosos avisos de organizaciones internacionales sobre lo ocurrido, la cuestión nunca adquirió el peso mediático suficiente como para ser tratado con los medios adecuados. Dos años después de finalizar el conflicto, todavía no existen los programas (ya sean gubernamentales o no gubernamentales) adecuados para procurar la reinserción social de estos niños. Actualmente, ni siquiera se conoce el número exacto de menores de edad que combatieron en las filas del FLPT.

Sudán y Sudán del Sur

El reto principal a la hora de prevenir el uso de niños como soldados viene de la escasez de observadores humanitarios en los conflictos africanos. Las enormes distancias que separan un país con una mayoría desértica, añadidas a la imposibilidad que experimentan los periodistas internacionales para cruzar hoy sus fronteras, hacen que no se tengan registros oficiales del uso de niños soldado por parte de las RSF o del Ejército regular de Sudán. Sólo puede afirmarse que los hay gracias a los vídeos ocasionales que se difunden en las redes sociales y que muestran a sujetos, evidentemente menores, abriendo fuego o portando un arma en zonas de combate. Las imágenes están disponibles para su visualización en X.

En Sudán del Sur también se reconoció en 2018 que al menos 19.000 niños combatían en los distintos grupos armados del país en la guerra civil que concluyó en 2020. Un informe de Naciones Unidas especificó que los campos de refugiados y de desplazados en el país suponían una localización típica para el reclutamiento de menores; las niñas eran utilizadas con fines sexuales. Es en este punto cuando cabe a recordar que los niños soldado tienen una contraposición femenina igual de dura en muchos de los casos, que son las pequeñas sexualizadas y transformadas en “bush wives” (esposas del bosque) que caminan esclavizadas tras los soldados adultos. Los niños, en ocasiones, también pueden sufrir abusos de este tipo.

República Democrática del Congo

El cúmulo de conflictos que afectan desde hace treinta años a República Democrática del Congo ha derivado irremediablemente en un uso continuado de niños soldado. UNICEF y sus socios estimaron en 2018 que, sólo en la región de Kasaï, entre 5.000 y 10.000 niños estaban asociados con las milicias, mientras que cerca de 3.000 niños han sido utilizados como combatientes en la provincia de Kivu Sur. Los niños sufren en los conflictos congoleños toda clase de vejaciones que hacen del país uno de los peor puntuados según el Índice de Derechos de los Niños: abusos sexuales, desplazamientos forzados, escasez de oportunidades educativas, hambruna y pobreza son algunos de los grilletes que les atrapan. Haría falta recordar que en 2004, y según la ONG Child Soldiers International, al menos un 40% de los combatientes de los distintos grupos armados en RDC eran menores de edad.

Este periodista pudo conocer en la ciudad de Goma, provincia de Kivu Norte, a un elevado número de menores de edad que combaten actualmente en las milicias Wazalendo, una suerte de grupos de defensa local que colaboran con el Gobierno congoleño para hacer frente al grupo rebelde M23. Algunos de estos niños servían como correos, otros guardaban las bases de la retaguardia o cocinaban. También observó chicos de quince años armados en el frente. Estos niños (hay quienes los tienen menos en cuenta por ser adolescentes) no han sido reclutados forzosamente, ni han escogido las armas como única forma de obtener el alimento. Su motivación es puramente patriótica.

Los Wazalendo, considerados como héroes entre la población local, forman la única manera que ha encontrado la población civil congoleña para protegerse de manera activa contra las atrocidades del M23, y no son pocos en todos los rangos de edad que desean participar en esta forma de resistencia ciudadana. Menores varones, pero también niñas uniformadas que fueron vistas en las bases de la retaguardia pero cuyos líderes (adultos) aseguraron que no combatían y que servían de cocineras o recaderas dentro de la ciudad de Goma. El Gobierno congoleño conoce el uso de niños soldado por parte de los Wazalendo, pero Kinshasa no ha tomado hasta la fecha ninguna decisión relevante sobre ello.

Nigeria y Burkina Faso

Las zonas controladas por el yihadismo en África también pueden servir como campo de cultivo de niños soldado. Se pueden apreciar números representativos en Nigeria, donde UNICEF estipuló en mayo de 2023 que al menos 8.000 niños y niñas han sido reclutados por diversos grupos armados desde 2009. Boko Haram, un grupo yihadista que opera en el norte del país, ha sido señalado en repetidas ocasiones como el mayor responsable a este respecto, que se suma a la práctica habitual del secuestro de niñas para introducirlas en matrimonios forzados con los terroristas (bush wives). En este caso, el modelo de educación conocido como Almajiranci, en donde los padres delegan la formación de sus hijos a las escuelas coránicas, junto con los elevados niveles de pobreza y la necesidad de buscar fuentes de ingresos alternativas, sirven como catapulta para facilitar la introducción de menores de edad en los comandos yihadistas.

Cabe a destacar que el gobierno nigeriano ha desarrollado medidas en materia de seguridad que pretenden, entre otros objetivos, erradicar la práctica de los niños soldado; unas medidas que Naciones Unidas han definido en repetidas ocasiones como insuficientes. La escasa escolarización de los niños es uno de los retos a tratar en Nigeria con el fin de evitar su uso en los conflictos armados, pero todavía queda un largo recorrido en este respecto.

El cierre de escuelas por motivos de inseguridad nacional con el correspondiente incremento de niños soldado representa un grave problema en el país del mundo con más colegios cerrados a causa de la violencia: Burkina Faso. Más de 6.000 han tenido que dejar de ofrecer clases. El psicólogo burkinés Ismael Kousse confirmó a este periodista que las enseñanzas radicales de algunas escuelas coránicas, junto con el cierre de los colegios laicos, ha provocado que un número creciente de menores hayan empuñado las armas a favor del salafismo instaurado en el norte del país.

El medio francés Libération difundió en febrero de 2023 un vídeo donde podía apreciarse cómo militares burkineses ejecutaban a pedradas a varios adolescentes acusados de ser yihadistas. Y Kousse afirmaba que, a ojos del Gobierno, los niños “dejan de serlo” cuando se convierten en terroristas.

El psicólogo consideraba que uno de los problemas a futuro de mayor gravedad era el futuro de los niños que sobrevivan a los combates, una vez concluya la guerra. ¿Cómo podrán insertarse de nuevo en la sociedad? ¿Cómo serán recibidos por un Gobierno que los considera soldados adultos, y no niños? ¿Qué alternativas tienen hoy, sin escuela, frente a las armas? La realidad del niño soldado es la realidad de un niño sin alternativas.