África, el continente del siglo XXI

Todo el mundo sabe a qué nos referimos cuando mencionamos la palabra Europa. De igual forma todo el mundo sabe lo que queremos decir cuando mencionamos la palabra África. Esto diferencia a nuestro continente vecino de otras zonas del mundo, como América (¿hablamos del norte? ¿Del sur?) o Asia (¿Sudeste asiático? ¿China? ¿Mar de Japón?).

Por ello, no dudo en afirmar que África es el continente del siglo XXI. Lo dicen los números y lo dice también el entusiasmo que percibimos entre el gran número de profesionales y empresas españolas que están empezando a trabajar en el continente, que nos solicitan información o que acuden a las actividades que organizamos en Casa África para, precisamente, dar a conocer el potencial y las posibilidades de inversión en los países africanos. África son 54 países y mil millones de habitantes con una economía en pleno florecimiento. Los crecimientos medios en los países del África Subsahariana no bajan del 5 por ciento. En la última década, siete de los 10 países con mayor crecimiento económico son africanos.

Aunque lo lógico sería asumir que los recursos naturales y la industria han impulsado el crecimiento, las verdaderas claves que lo explican pasan por entender la profunda transformación estructural que han experimentado la gran mayoría de países. Hay, sin duda, una mayor estabilidad política y social (pese a que el imaginario colectivo y demasiado a menudo la información en los medios tiende a concentrarse en lo negativo: el número de conflictos en África ha descendido claramente), a la vez que un clima de negocios muchísimo más favorable. Hay más seguridad jurídica, mejores infraestructuras, aumentan las inversiones directas extranjeras, siguen llegando gran cantidad de fondos vía remesas de la diáspora y sigue habiendo ayuda pública al desarrollo.

Con una población cada vez más urbana (África ya tiene 52 ciudades con más de un millón de habitantes, el mismo número que Europa), no para de crecer el número de ciudadanos que, a los ojos del potencial vendedor, pasan a engrosar ese tan ansiado grupo de la llamada «clase media africana». Si bien soy bastante reacio al empleo del término (por la vaguedad que supone establecer un baremo entre 2 y 20 dólares diarios), lo que nadie duda es que en poco más de un año (2015) tendremos como vecinos en África subsahariana a 100 millones de personas con unos ingresos mínimos de 2.300 euros anuales. Eso, sin ningún tipo de complejo, lo consideramos clase media en un país como India. Quizás es momento de llamar la atención sobre el hecho de que con datos mucho mejores, cargamos a la economía africana con estereotipos que ni se nos ocurriría atribuir a unos cuantos países asiáticos. Lagos (Nigeria), por ejemplo, ya es un mercado mayor que Bombay, y el nivel de consumo familiar medio supera cifras de India y de Rusia.

Es cierto que África vive en estos momentos algunas situaciones muy graves. No se pueden ni deben ocultar bajo este entusiasta discurso económico situaciones como la de República Centroafricana o la República Democrática del Congo; las amenazas terroristas en Mali, Nigeria o Somalia; o los desafíos que presenta la piratería marítima tanto en el Cuerno de África como, cada vez más, en el Golfo de Guinea. También es cierto, desde el aspecto socioeconómico, que habrá que estar muy atentos y trabajar intensamente en coordinación con los países africanos para que esos crecimientos económicos vayan en paralelo a la mejora de todos los indicadores, para conseguir realmente que todos los ciudadanos experimenten mejoras en su calidad de vida y permitan reducir los actuales niveles de pobreza.

Todo esto, que es muy importante, no debe ocultar que África es ahora mismo un continente con los brazos abiertos a la inversión. Un variado continente con oportunidades inmensas en sectores en los que las empresas españolas pueden demostrar su liderazgo internacional. Un continente que, para España, en intercambios comerciales ya ha superado en importancia a América Latina por dos años consecutivos. Hay sectores pujantes en todo el continente en los que aún percibimos cierta timidez de la empresa española: el sector financiero, la distribución al por mayor y menor, el sector inmobiliario en las grandes ciudades, incluyendo los ambiciosos programas de algunos países en vivienda social, y la industria del automóvil, por mencionar los más relevantes.

Es por ello, que, repito, no tengo ninguna duda en afirmar que África es el continente del siglo XXI. Pero no olvidemos que este siglo empezó ya hace algunos años. Esperemos que España no llegue una vez más tarde.