La poética del cani y el nihilismo involuntario de LIDLT

He desollado a cuatro bebés, pero no siento ninguna culpa porque he sido yo mismo.

Andrea y Manuel se besan en 'La Última Tentación'
Andrea y Manuel se besan en 'La Última Tentación' FOTO: La Razón

Friedrich Wilhelm Nietzsche estaría orgulloso de la escuela que tiene entre los jóvenes españoles, con una ligera salvedad, que no lo saben. Me explico: asisto a las entregas de “La última tentación”, el más diabólico formato de Telecinco (después del sanedrín de Rociito, claro) cada vez bajo mayor estrés y perplejidad y aunque debería producirme rechazo físico y psíquico, y me lo produce, me tiene enganchadísima (no sé a ustedes, amigues) porque el cani tiene gracia, hemos de reconocerlo.

Hace algunos capítulos en el “círculo de fuego” o como se llame el inenarrable ritual pseudo prehispánico o indonesio_o yo que sé_ con el que somete Telecinco a los conejillos (concursantes) de la Isla de las tentaciones (este es el nombre original del programa), escuché el insulto más gracioso que he tenido el placer de disfrutar últimamente…

Isaac, también conocido como “el lobo” porque así se autodenomina haciendo referencia a sus agresivas y/o efectivas dotes de seducción, según él, se acariciaba la cara insinuando superioridad física con respecto a la de su rival, enemigo, compañero y antiguo novio de su chica… El otro, que se llama Manué, AKA “manita-relahá”, riéndose espetó: “¿guapo tú? Zi ere feiiiízimo, ere má feo que un frigorífico por detráz…”

¿No les parece una obra de arte moderno? A mí, sí.

Días antes, Gonzalo, de profesión tatuador e igual que todos los concursantes, tan llorón y blandito como despiadado, refiriéndose al más sufridor (por su extrema tolerancia con los cuernos) de las tres ediciones juntas, dijo que Christofer era demasiado bueno, tan bueno como “un león vegano”… JAJAJJAJAJAJJAJAJJA ¡Arte!

¡Cómo no amarlos! Definitivamente el poligonero tiene su inteligencia, su creatividad y su poesía. Y lo más increíble de todo, es nihilista, pero no se ha dado cuenta.

Para los que aún no conozcan el extraordinario producto televisivo conocido como LIDLT es un reality presentado por la periodista y escritora Sandra Barneda, donde cinco parejas (de canis) supuestamente consolidadas se encierran dos meses en dos mansiones caribeñas.

Las chicas, por un lado, convivirán con diez maromos cachas contratados para seducirlas; los chicos, por su parte, con diez mises operadas hasta de cataratas, dispuestas a hacer tuerking en tanga en sus narices (no es una hipérbole ni una metáfora), hasta que “caigan”.

Lo dramático y lo interesante del fenómeno, es que, desde la burguesía de nuestros televisores y nuestra cena caliente, vemos cómo unos y otras son seducidos, o no, donde lo verdaderamente perverso reside en que cada uno de los miembros de esas parejas ve los videos editados y ultra manipulados de lo que hacen sus novios.

El montaje destinado a los pobrecitos novios y novias, y todas las circunstancias que lo adornan, es para volverse totalmente locos y actuar en consecuencia, bajo la rabia y los celos; y de ahí a generar más y más videos en un bucle infinito de estupidez, inmoralidad y disonancia, que es oro (oro informativo, quiero decir, si se consume desde la curiosidad y la búsqueda del conocimiento, como es mi caso, no lo duden).

Detrás de la superioridad moral siempre se esconde lo peor, por tanto, no seré yo quien pretenda auto elevarme criticando a los protagonistas de esta columna; en efecto, la traída y llevada “ética”, que no se sacan algunos ingenuos de la boca, no es otra cosa que un constructo absolutamente risible, por lo artificial, con el que proyectarse sobre los demás. ¿Conocen a alguien que aplique la ética al sano y necesario ejercicio de la autocrítica?

Pero ojito, mucho ojo, con normalizar las andanzas de estos jóvenes escasamente instruidos, que dicho sea de paso no son peores que “nosotros”. Al contrario, estoy convencida que una edición (que espero que llegue pronto) de parejas concursantes algo mayores que ellos, más cultas y refinadas… ¡sería peor! ¡Habría cuchilladas!

El hombre (y la mujer) en general, es malvado, mezquino, débil, menesteroso, errático y obtuso, tenga o no dinero, educación y carrera… desgraciadamente.

Lo que me deja apabullada cada semana tras el visionado, es que todos y cada uno de los concursantes viven por y para hacer lo que les da la real gana caiga quien caiga sin importarles lo más mínimo lo que sus acciones supongan para el resto de los seres humanos.

Ya lo decía Nietzsche, si matamos a Dios, no seamos ilusos ni hipócritas, solo queda el principio del placer, el bien y el mal dejan de ser absolutos, se relativizan, y somos libres de actuar como nos parezca sin atenernos a estándares distintos a nuestra voluntad.

Reproduzco una conversación icónica entre Fani y Andrea, que comenta sus sensaciones tras poner los cuernos de nuevo a su pareja ante todo España.

Andrea: He sido infiel a mi Roberto, otra vez…

Fani (la más grande moralista post Covid): Tú lo que tienes que hacer es lo que te dé la gana en todo momento.

¡Ya lo saben amigues! De este modo, ondeando alegremente la bandera de “lo que me dé la gana” (también valdría mi corazón, o mis sentimientos o “ser yo mismo”) pueden ustedes prescindir del deber, de la empatía, del recato, del buen gusto, del compromiso… y por supuesto de la razón.

He desollado a cuatro bebés, pero no siento ninguna culpa porque he sido yo mismo.