Tener y no tener estilo (Primera parte)

Se habla mucho y mal del estilo y casi siempre desde el materialismo y la más absoluta vulgaridad.

Tener y no tener estilo (Primera parte).
Tener y no tener estilo (Primera parte). FOTO: archivo

Como premisa aclaro que, ante todo, una persona con estilo puede ponerse lo que le dé la gana, como decía Nietzsche: “las normas, para la mayoría…”.

¿Que qué significa “tener estilo”? Pues verán, una persona con estilo es una persona con gracia, inteligente, noble, divertida, considerada, con mundo, maneras, generosidad, cultura, principios, moral, una persona compasiva, brillante, aguda y exquisita, sin menoscabo de su fortaleza.

Se cruza uno con tanto majadero, con tanto primate... que cuando das con una persona así ocurre que no sabes si arrodillarte y darle besos, pero la miras con suspicacia como si fuera a desaparecer en cualquier momento, como el Gato de Cheshire.

Se habla mucho y mal, queridos amigues, de tener o no tener estilo y me temo que se hace casi siempre desde la más absoluta vulgaridad. No es posible ser elegante, ¿saben? desconsiderando a los demás. La delicadeza de una sociedad es un indicador de su evolución intelectual y moral y el buen estilo de una persona habla inequívocamente de su entendimiento y su sensibilidad.

Yo, amigues, tengo claro que sin estas pautas reinaría el caos, la fealdad, la confusión y la incomodidad; por tanto, con vistas al nuevo año, comparto con ustedes las que considero faltas de estilo verdaderamente chirriantes. Podrán comprar más ropa que Meghan Markle pero les prevengo, desde el cariño y la observación, si practican estas desatinadas costumbres no tienen ustedes ni un ápice de estilo:

1. Hablar sin parar de asuntos personales, aburridos e intrascendentes. Queridos, hagan un pequeño esfuerzo y miren las caras de los individuos que tienen alrededor cuando lleven 5 minutos hablando del virus que azota a su familia desde la perrita hasta el abuelo… descifren los rostros de los demás cuando comiencen a echarse flores a sí mismos, a ostentar sobre lo que sea o a recitar su currículum… En la vida analógica, al contrario que en las redes sociales hay que evitar el hablar de uno mismo, en el cara a cara lo apropiado es escuchar, prestar atención y atender a los que tenemos cerca, interesándonos por los asuntos que desconocemos o que realmente no nos importan.

2. No perdonar: detesto la autoindulgencia (y adoro la autocrítica) sin embargo, recomiendo muchísimo la heteroindulgencia o el perdón, un ejercicio que habría que practicar a diario con nuestros semejantes, parejas, ex parejas, compañeros de trabajo, hermanos, hijos, empleados, compañeros, mascotas... y hasta con los teleoperadores que nos interrumpen en mitad de… yoquesequé. Además, no saber perdonar es de una ingenuidad, bochornosa.

3. Manifestar enfado o ira: Pocas cosas hay más elegantes que la actitud cristiana, háganme caso. Si alguien les ofende o creen haber sido ofendidos (no se crean todo lo que piensan) permanezcan tranquilos, dignos e incluso sonrían, diviértanse, contemporicen, analicen con ternura, como el minerólogo que estudia las características de una gema desapasionadamente; por último perdonen.

4. Interjecciones eufemísticas en general, a saber… jolín, y sus derivados, jolines, jo: Un señor o una señora enfáticos y/o contrariados dirá en tal caso JODER, con todas sus letras. No hay nada más hortera que la cursilería.

5.  “Qué mala cara tienes hoy”: ¿Puede haber algo más denigrador? personas condescendientes y necias con las que nos cruzamos en la vida y constatan sin rubor: “Tienes mala cara”. Dejemos clara una obviedad, la vida es dura para todos,  si alguien está pasando un mal momento, por lo que sea, ha estado llorando y se le nota, está más feo o no ha dormido, tengan la urbanidad de no verbalizarlo a deshora.

6. Tener complejos: todos tenemos alguno pero lo cierto es que no hay nada menos seductor que lucir complejos. Para preservar nuestra belleza y encanto el único camino es trabajar en deshacernos de ellos igual que haríamos con un grano en el trasero o con una mancha de tomate en la solapa. Por el contrario, una persona desacomplejada es puro magnetismo, belleza a raudales, carisma, atracción fatal.

7. Mostrar desprecio: desairar o desatender a los que uno considera menos exitosos o a aquellos de los que simplemente no se puede obtener ganancia alguna material, física o social. Las personas elegantes manifiestan en todo momento gentileza, caridad y filantropía (independientemente de lo que sientan).

8. No sonreír: La cualidad que más admiro en una persona inteligente es la alegría, la más difícil. E inequívocamente el mejor maquillaje o vestido imaginable, el más sexi y cautivador, el milagro antiaging, el lifting definitivo es la sonrisa.

9. Indignarnos: es lo más ridículo que puede hacer una persona mayor de 5 años. Si no puede cambiarlas, ni marcharse, acepte las reglas como en un juego, con una sonrisa sexy.

10. Comer y hablar: parece una obviedad pero ¡por favor!, no hable con la boca llena bajo ningún concepto. Ni cubriéndola con la mano, ni un nanosegundo, ni aunque su hijo de 3 años esté a punto de meter los dedos en un enchufe, ni aunque trabaje en Titanic y observe que van a colisionar con un iceberg no hay excusa posible y es desagradabilísimo, por mucho que en el cine y las series americanas todos lo hagan como un hecho incluso sexi. ¿Hay algo más irritante que la voz de una dobladora que imita a una tía buena hablando con la boca llena?