Doña Letizia sale de su zona de confort

Arriesgado, sí, pero precioso, las cosas como son. Y es que el vestido de la discordia (lo digo porque las redes sociales ya han ardido, criticando o alabando si el modelo era o no apropiado para la Reina) está firmado por una de las pocas diseñadoras que hacen costura con mayúsculas en nuestro país: Teresa Helbig, una apasionada de su trabajo, de alma rockera y aguja sofisticada que, desde su atelier de Barcelona, nos hace disfrutar con su arte y sus piezas de ensueño. Hace unos meses celebró, por cierto, su veinte aniversario en el mundo de la moda. Durante la entrega del Premio de Periodismo Francisco Cerecedo, celebrado la noche del miércoles en el Hotel Ritz de Madrid, Doña Letizia salió de su zona de confort y nos dejó boquiabiertos al relegar para otras ocasiones ese «look» de Reina impecable y comedida que ya la ha convertido en un icono de estilo internacional. El talento de Felipe Varela es perfecto para vestirla, eso sí, en los acontecimientos oficiales ceñidos a un protocolo estricto. Afortunadamente, hay vida más allá de su modisto de cabecera y elegir este vestido joya de archivo de Helbig ha sido todo un acierto. Últimamente lo ha demostrado abriendo su armario y eligiendo otras firmas españolas e investigando en nuevos patrones, como el mono de Ángel Schlesser que lució en los Premios Mariano de Cavia; el juvenil vestido con estampado floral de Juan Vidal de este verano en el Palacio de la Almudaina y el abrigo, ya top ventas, de su paisano Marcos Luengo que llevó durante una visita a Los Oscos. Y es que Doña Letizia ha comentado en alguna ocasión que en los actos oficiales utiliza modelos que fotografían bien desde cualquier ángulo. En los más distendidos, lo vemos claro, saca a relucir su otra cara, la de una mujer que a sus 45 años de edad goza de una figura esculpida en el gimnasio y que, sobre todo, se siente guapa. Hablemos del largo del vestido, realizado en volantes de seda con aplicaciones de mini cristales en blanco. ¿Corto? Bastante si lo comparamos con otros a los que ya nos hemos acostumbrado, pero... ¿vivimos en el siglo XXI o en la corte del rey Arturo? Ustedes dirán.