El gran amor de la Jurado se ha quedado ciego

Enrique García Vernetta, el primer novio conocido de la cantante, se recupera de una operación ocular en la que perdió un ojo y mantiene que «después de tantos años sigo enamorado de ella»

La artista y el empresario mantuvieron una relación a comienzos de los 70
La artista y el empresario mantuvieron una relación a comienzos de los 70

Enrique García Vernetta, el primer novio conocido de la cantante, se recupera de una operación ocular en la que perdió un ojo y mantiene que «después de tantos años sigo enamorado de ella»

A comienzos de los años setenta Rocío Jurado y Enrique García Vernetta compusieron una pareja de aquí te espero. La casualidad, siempre oportuna, me devuelve aquel volcánico amor experto en peloteras. Marcó época con una Rocío poco más que veinteañera y que se había quitado tres años al renovar el DNI. Era costumbre entre el artisteo y con todo el morro, acaso divertida, Sara Montiel llegó a enseñarme varios pasaportes con distinta edad. Según fuera a uno u otro país, con la gloria perenne de «El último cuplé», le pegaba un buen recorte a su edad. Con 50 presumía de tener 42.

Disculpable oportunismo más que coquetería. Luego echas cuenta y sacas la verdad conociendo que la película se filmó en l956. Venía de una etapa consagradora en México, donde en un solo año hizo hasta seis filmes, entre ellos, la serie «Ahí viene Martín Corona». Nunca la retrataron mejor, siempre con trenzas altas enmarcando su irrepetible belleza sensual única en la historia de nuestro cine. El Canal 8, casi cada a tarde, recupera alguna y parecen no haber pasado las décadas. Sigue moderna, hasta en el maquillaje, que parece de hoy.

Genio endiablado

Después se la envejeció mal rompiendo su imagen de leyenda, que acaso detestaba. Sus espectáculos en el Paralelo con la Santpere y Paco Morán, enlazada al Lorenzo González de «Usted es el culpable», o dándole a «Mirando al mar» con Jorge Sepúlveda, empobrecía el mitificado recuerdo hollywoodiense, aunque abarrotaba el Teatro Victoria, donde hasta homenajeó a Raquel Meller, que la detestó por su éxito. Decía que tenía «voz de sereno». Desde luego, no era el hilillo siempre entonado que internacionalizó «El relicario» o «Flor de té». La cupletera tenía un genio endiablado y murió en un hospital gracias al apoyo de la Condesa de Lacambra, que presidía la Cruz Roja. De su hijo nunca más se supo. Habría que seguirle el rastro para saber si sigue vivo.

Quien sí lo está es el gran amor de Rocío Jurado, aquel apuesto valenciano que durante años se ventilaba a cuanta «vedette» pasaba por Valencia. En todo era igualito a su gemelo Sebastián. Incluso aseguraban que se intercambiaban para disfrutar fraternalmente de sus conquistas. Sebastián luego contrajo matrimonio con Salomé, la triunfadora eurovisiva del «¡Vivo cantando!». Los hermanos formaban una pareja temida por los maridos o amantes de la de turno. Con sensualidad mediterránea, las conquistaban y en la interminable lista figuran desde la opulenta Gracia Imperio hasta la todavía actual Jenny Llada.

Vernetta fue el primero y definitivo. Marcó a la chipionera después de coincidir en el Apolo valenciano, cuando aquella capital competía en teatros con Madrid y Barcelona. Se reencontraron en Sanlúcar de Barrameda, cuando ella iba con el Príncipe Gitano, y desde entonces ya no se separaron en catorce años, a pesar de los reparos de Rosario Jurado, la abnegada madre de la cantante, que todo lo intuía sin dejar de tener los brazos cruzados sobre el regazo.

Él compartía el amor con sus labores de representante. Su primer viaje fue a México, siempre entre rupturas más o menos largas resultado de los celos fundamentados de la entonces más coplera que «Señora».

A los seis meses de acabar con la relación, Rocío se casó con Pedro Carrasco, pero quiso volver con Vernetta incluso horas antes de dar el «sí, quiero» al boxeador. «Me negué», recuerda Enrique. «Creí que era una historia pasada, aunque después de tantísimos años sigo enamorado. La recuerdo cada día y hablo con ella», me confiesa desde el pueblecito valenciano donde se recupera de una operación ocular en la que perdió el ojo izquierdo y toda la visión: «Estoy esperando alguna donación para ser intervenido nuevamente. No veo la televisión ni tampoco leo el periódico, sigo la vida por la radio. Mis amigos me trajeron a una residencia estupenda y aquí espero sin desanimarme».

Separados por una cama

Me telefoneó para agradecerme un recuerdo que le hice televisivamente en el programa «Sálvame», aclarando lo que significó sentimentalmente para la artista. Después de Pedro llegó el torero Ortega Cano y el tonteo con un azafato aéreo de Sevilla, cuya guapa hermana Mar tiene bastante relevancia. Se llama J.A.R. y llegué a coincidir con él y Carrasco en una romería del Rocío.

Todos nos alojábamos en casa de Loli Reina, hermana de Juanita y casada con el ginecólogo García Otero, logrador de embarazos y partos imposibles. La cantante ocupaba la misma habitación que Cayetana Alba mientras que la hija de la casa, Macarena García Otero, compartía dormitorio con Arabella Von Karajan, hija del gran director sinfónico. Casi un vodevil bien construido, el ya casi ex marido y el prometedor enamorado estaban separados solo por una cama. Milagros o incidencias rocieras que no fueron mas allá, no estaba para ellos. Al final, ninguno se quedó con la Jurado, pero fueron tema obligado en los chismes, cachonderos y cábalas del momento.