Opinión

Al borde del trópico

“Estamos en la vida, al menos yo, para disfrutar del tiempo que me toque y que tiene que ser el mejor porque no voy a disponer de otro”

“Estamos en la vida, al menos yo, para disfrutar del tiempo que me toque y que tiene que ser el mejor porque no voy a disponer de otro”

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Así estamos viviendo la Navidad. Por eso, porque indudablemente la economía va mejor y por el natural gusto a la calle que los andaluces solemos tener, estos días han sido como si fuera «Madrugada» a todas horas. Los aparcamientos al completo, el centro en plena bulla, la zona de bares eran una manifestación, los comercios también... En fin, yo estos datos los miro con alegría. En cuanto a la Nochebuena mas cálida que se recuerda, es magnífico que posiblemente esto sea el anuncio de que lo del cambio climático viene apretando el paso, pero yo me he instalado en mi parcela de egoísmo, que cada día es mas amplia y lo siento por los que vengan detrás, incluido los míos, pero que me quiten lo «bailao», que, por cierto, en esto del baile estoy bien servido a lo largo, incluso a lo ancho, de mi vida. Cuando los políticos te hablan del sacrificio de hoy para el porvenir de nuestros hijos y nietos, para mí han perdido todo crédito. Estamos en la vida, al menos yo, para disfrutar del tiempo que me toque y que tiene que ser el mejor porque no voy a disponer de otro. Si además puede dejar uno encarrilado el futuro de tus hijos, magnífico. Muchos intelectuales han hablado del pesimismo endémico del español medio, seguro que cargados de razones, por eso en un momento tan delicado haría falta ese número importante de cocineros «michelineros» que tiene España –que son capaces de crear recetas donde se mezclan productos imposibles y que dan como resultados manjares deliciosos–: a algo parecido, están obligado los actuales líderes políticos. Eso sí, que la receta esté de chuparse los dedos y repetir, no para tirarla directamente a la basura de la historia.

El escritor noruego Jostein Gaarder –más de 30 millones de libros vendidos– afirma que la historia es el mejor antídoto contra el fanatismo. Seguro que ayuda, pero a estas alturas de la vida, mejorar sí, curar del todo no. Podríamos decir algo parecido de la historia, pero desmienten la cura personajes como algunos podemitas que, ante el atinado y conciliador discurso del Rey, sólo se les ocurre hablar de la indecencia del monarca hablando desde un salón de su palacio más grande que muchas casas –¡parecido en tamaño al del líder supremo, su señoría el señor Iglesias!–. La diferencia es que el palacio desde donde habla el monarca es de Patrimonio Nacional y el citado chalé es propiedad del líder obrero –dando lecciones de democracia–. Estos tipos son gente con preparación, con un nivel cultural importante y luego todo eso no les da más que para semejante asnada trufada de la peor de las demagogia.

Estamos a punto de entrar en el 2019 y como viene siendo habitual en los últimos años, con unas recientes elecciones, en esta ocasión en nuestra Andalucía. Parece que todo está encarrilado, aunque tengamos que ver todavía algún frenazo brusco. Personalmente he llegado a una edad donde por encima de cualquier ideología, tiro de mi ya conocido egoísmo y pido que, partiendo «del virgencita que me quede como estoy», todo mejore. Lo digo después de haber paseado por la playa con un tiempo magnífico. Con esa luz deseo que arranque el nuevo Gobierno. Si los 21 puntos pactados para los primeros 100 días no se cumplen y seguimos en «el y tú más», la democracia, a pesar de sus muchos defectos, siempre tiene remedios a través de las urnas o de cualquier otro medio que se ajuste al ordenamiento constitucional. Entramos en un periodo de cambio. Esta palabra es de las más usadas entre la clase política, sobre todo si se está en la oposición. También en los periódicos que cambian editores y directores, con la idea de vender más ejemplares y regalar menos. En las televisiones que se cambia de programas constantemente. En el fútbol, que se cambia de jugadores y de entrenadores. Hasta en la Iglesia católica, con sus más de 20 siglos de existencia –algunos ateos irredentos afirman que es la empresa con mas franquicias en el mundo– habla más que nunca de cambios. El mundo en general ha estado cambiando siempre, pero, sobre todo, los políticos tienen que ser muy prudentes para que el cambio no sea a peor. Como ya no escribiré mas hasta 2019, quiero, aparte de desearles felicidad, dejar de pensar en nada que no sea frívolo total. Por eso les propongo que hagamos apuestas sobre cómo saldrán vestidas las presentadoras que en las cadenas de mayor audiencia protagonizarán la Nochevieja. Empecemos por la primera, que es también primera en audiencia desde siempre y en la Puerta del Sol. Anne Igartiburu, la estupenda profesional, representa muy bien a la mujer de hoy, madura pero sin perder un ápice de belleza, trabajadora, casada con hijos, muy solidaria. Seguro que su traje sera el más elegante y ella se acogerá a la letra de un viejo cuplé: «De todo lo que tengo sólo enseño la mitad». En Tele5 sera Lara Álvarez la que nos ayude a tomar la uvas con el debido ritmo. Conocemos muy bien la belleza y la juventud de la presentadora, pero estoy seguro de que no entrará en competencias sobre quién enseña más, estará exótica y desenfadada. Pedroche tiene ya un récord en la Nochevieja de enseñar más de la mitad y asegura que este fin de año mostrará más, pero mucho más. Doy por hecho que nos dejará ver una radiografía de tamaño natural. Por fuera lo conocemos todo, así que conoceremos su interior. Hace bien, es noche que permite locuras; eso sí, las locuras con champagne.