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Escalerilla hacia el cielo

Tiempo de lectura 2 min.

17 de mayo de 2018. 19:58h

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Lucas Haurie 18/5/2018

Desde Isabel y Fernando no había existido una pareja con un peso similar en la gestión política española hasta la llegada de Pablo Iglesias e Irene Montero. El par sin par, con mando en la progrez posindustrial, afirmó pretender asaltar los cielos. Tic-tac, decían. Ah, la izquierda, esa ideología cuyos principios son opuestos al material con que se construyen los pilares de un chalé serrano en Galapagar. De cemento armado, como la jeta de los 100 millones de pesetas. Ahí sí que han subido hasta la cima. No por ser poco más que residuos del comunismo iban a dejar Montero e Iglesias de soñar con lo mismo que fantaseaban sus padres y sus abuelos de lucha de clases y propagandas de agitación, ser burgueses, mejor cuanto más altos, mejor cuantos más millones el metro cuadrado. El paraíso es suyo. El anhelo del edén pertenece ya a otros. Para eso está la otra pareja sin par de la siniestra postmoderna, Kichi y Tere. El alcalde de Cádiz y la secretaria general andaluza de Podemos huelen a tedio en las mantas parturientas de sus camaradas madrileños y se postulan como la nueva dupla al frente del comunismo patrio: Nicolae y Elena Ceaucescu vestidos de piconeros. La joven izquierda está que se sale. Transversales, feministas, progres de nuevo cuño, okupas y anticapitalistas se mezclan en un tótum revolútum que ha llegado a proteger al independentismo con tal de derrocar el sistema establecido. Ahora bien, de esos salarios que los diputados de Podemos prometían dedicar a la caridad de una supuesta obra social, no ha quedado ni rastro. Habrá que comprobar cómo de austeros se presenta la pareja andaluza. González y Rodríguez van a por todas. Podrá decirse que también aspiran a asaltar los cielos. Por ahora, el paraíso está en el Falla y La Escalerilla es una calle de San Fernando.

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