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Junqueras romperá con Convergència el 27-J

Si ERC supera en las urnas a la antigua CiU, como auguran los sondeos, el vicepresidente económico disolverá la alianza

  • Junqueras romperá con Convergència el 27-J

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13 de junio de 2016. 15:50h

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12/6/2016

Socios de Gobierno, pero adversarios a batir. Es la insólita situación que viven Convergéncia Democrática y Esquerra Republicana ante las elecciones del 26-J, bajo un fuego cruzado entre las dos formaciones políticas. Con un colapso absoluto de gestión e inversiones provocado por la ruptura de la CUP, el líder de ERC aguarda los resultados de las generales. Si, como todas las encuestas vaticinan, los republicanos quedan muy por encima de los convergentes, el actual vicepresidente económico planea disolver su alianza, el Gobierno de Cataluña, y afrontar comicios autonómicos en el mes de enero. Así lo admiten dirigentes de ERC y, bastante desolados, los de CDC: «Es el último episodio de la penosa herencia de Artur Mas». En el entorno de Junqueras y en un sector de Convergéncia son muy críticos con el legado político del ex presidente de La Generalitat. «Ha fracturado la sociedad catalana, ha roto CiU, ha roto todo», se lamentan ante el escenario.

Al mismo tiempo que Carles Puigdemont tocaba en mangas de camisa la guitarra junto al grupo musical «Sopa de Cabra» en el teatro Coliseum de Barcelona, varios medios catalanes difundían un sondeo demoledor sobre el 26 de junio, según el cual arrasaría el grupo de Ada Colau y sus confluencias, En Comú Podem, con quince diputados. Le seguiría muy de cerca ERC, con trece, el PSC, Ciudadanos y Convergéncia quedaría en el penúltimo lugar, casi empatada con el PP, incluso por detrás. Un sonoro batacazo que le impediría formar grupo parlamentario propio en el Congreso y que el presidente Puigdemont acogió con buen humor. Subido al escenario, tocó el tema «Camins» y no pudo por menos que decir: «Esto sí es una cuestión de confianza». El camino, desde luego, se presenta tenebroso para la antaño poderosa formación que fundó Jordi Pujol.

A diferencia del 20-D, en que la campaña entre CDC y Esquerra fue de guante blanco, ahora es de abierta confrontación y las chispas ya han empezado a saltar. El cabeza de lista convergente, Francesc Homs, endurece su discurso contra ERC; le acusa de debilidad ante la CUP y advierte sobre la amenaza de un nuevo tripartito. Ello avala los planes de Oriol Junqueras, a quien con unos buenos resultados ya no le interesa seguir bajo la égida de Convergéncia en un Govern totalmente amortizado. Así, los republicanos no apoyarían la cuestión de confianza planteada por Puigdemont para septiembre y forzarían nuevas elecciones en enero, con Junqueras de candidato a La Generalitat, su eterna aspiración. La frase de Puigdemont sobre que si hubiera sabido las presiones de la CUP no habría aceptado la presidencia cayó como un jarro de agua helada en el partido y en el entorno de Artur Mas.

A pesar de que públicamente intentan disimular, nadie niega las frías relaciones entre Mas y su heredero. «Tienen dos visiones muy diferentes de la jugada» afirman en CDC y La Generalitat. Dos políticos enfrentados ante la nueva Convergéncia Democrática de Cataluña, en un momento político muy delicado hacia las elecciones del 26-J. La enorme maquinaria de poder e influencias fundada por Jordi Pujol sufre ahora una gran crisis de liderazgo en medio de fuertes deudas económicas. El futuro de CDC, que el 26-J vuelve a recuperar sus tradicionales siglas tras el fracaso electoral de la marca Democracia y Libertad el pasado 20 de diciembre, a expensas del Congreso de julio que decidirá la marca definitiva del nuevo partido, es muy negro. La herencia de Mas pesa como una losa sobre la gestión de Puigdemont y trastoca todos sus planes tras la ruptura de los radicales cuperos. El dogma de la sucesión se ha cumplido y, según dirigentes de CDC, las relaciones entre Mas y Puigdemont son «correctas en público y gélidas en privado».

Las divergencias afloran también en la campaña, en la que Artur Mas se implicará a fondo en apoyar a quien fuera su mano derecha, Francesc Homs. Con un discurso duro contra Oriol Junqueras, a quien Puigdemont tiene como vicepresidente, Homs desestima un referéndum unilateral de independencia, porque con el boicot de los partidarios del «no» sería difícil su legitimidad internacional. Una tesis que contrasta con la de Puigdemont, quien prefiere la vía escocesa, es decir, la consulta pactada, pero no descarta el referéndum unilateral como «posibilidad técnica». Sea como fuere, mientras Mas y Homs arremeten contra ERC, el presidente de La Generalitat mantiene una «cortesía táctica» con quien todavía es su socio en el Govern. Lo que un veterano convergente define como «política esquizoide».

En los partidos catalanes coinciden en que la cuestión de confianza es una maniobra estratégica de Puigdemont para ganar tiempo y ver los resultados del 26-J. Pero su salida es altamente difícil, ya que las exigencias de la CUP se mantienen, y Esquerra prefiere elecciones. La posible alianza con el PSC, apoyo que ya le ha ofrecido su primer secretario, Miquel Iceta, pasaría por la renuncia al referéndum unilateral de independencia, algo que hoy por hoy Puigdemont no contempla. No obstante, el escenario está muy abierto marcado por el desenlace electoral de junio. La pujanza del bloque de izquierdas puede inclinar la balanza de Esquerra y dejar a Convergéncia en absoluta soledad. De momento, su discurso carga contra ERC, la CUP y la amenaza de un tripartito radical, con la esperanza de arañar votos de la antigua CiU.

Según fuentes de CDC, el ex presidente no se siente cómodo en su «rol secundario» y está a la espera de movimientos futuros. Todos cuantos le han visitado en su despacho del Palau Robert coinciden: «Quiere mandar y no sabe cómo». Por su parte, Carles Puigdemont intenta ganar tiempo y dedicará estos meses a mantener encuentros con sectores empresariales y sociales de Cataluña. El Gobierno de la Generalitat está paralizado y destacados empresarios le demandan el impulso de BCN World, uno de los proyectos estrella del turismo en Cataluña, con previsión de diez mil empleos directos, y que la CUP exigió paralizar. Los radicales siguen siendo un hándicap si Puigdemont mantiene la hoja de ruta independentista y necesita su apoyo en la cuestión de confianza. Ello eleva la incertidumbre sobre los inversores, complica el escenario para Puigdemont y arranca una triste conclusión de los empresarios en Cataluña: «Aquí nadie da un paso hasta finales de junio».

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