Cuando Romeo es Julieta

Álex Barahona encabeza esta versión del drama de Shakespeare para tres actores que ha reescrito Julio Salvatierra y dirige Álvaro Lavín

Cuando Romeo es Julieta
Cuando Romeo es Julieta

A tres voces, Álex Barahona, Bernabé Fernández y Javier Hernández podrían cantar: «Sí, sí somos Romeo y Julieta...». Jugar por jugar. ¿Por qué no? Desde hoy son Romeo, Mercutio y Benvolio, pero también Julieta y muchos más personajes, Montescos y Capuletos, nobles y damas, amantes de una y otra condición, en «Romeo. Versión montesca de la tragedia de Verona». Detrás del invento, dos «juguetones» de solvencia contrastada: el director Álvaro Lavín y el dramaturgo Julio Salvatierra, o sea, dos tercios de Meridional Teatro. En 1997, Lavín y Óscar Sánchez Zafra estrenaron la obra, y luego hubo otros Romeos: Antonio Castro, Pedro Alonso y Juanjo Artero, el que más duró en el papel, hasta 2005. Esta vez ceden el escenario a rostros más jóvenes. «Surgió la posibilidad de retomarlo, nos apetecía, pero estamos ya muy mayores para hacer de Romeo y Mercutio», cuenta Salvatierra.

Este «Romeo», cuenta el dramaturgo, es «un juego escénico en el que Julieta pasa por todas las bocas y personajes. Acercamos al público la trama íntegra, con la escena del balcón, la de la nodriza, la de la muerte... Pero a través de diversos juegos los actores van integrando a los personajes». En esta lectura se habla del amor, cómo no, pero también mucho de la amistad. Ojo, que de misoginia, nada de nada, subraya Salvatierra. Lo de que sean tres actores fue una cuestión accidental, allá por los comienzos de Meridional.

Lógicamente, hay menos personajes, se ha pulido el texto, pero el escritor promete que la esencia de Shakespeare permanece. Además, para tres jóvenes intérpretes como los que tienen «es una gozada: Benvolio y Mercutio se desdoblan en los frailes, por un lado galanes guapísimos, y por otro, unos religiosos encorvados... Los tres papeles tienen un peso similar, y les deja mucho espacio para ellos».

Porque el actor aquí es lo principal. «La puesta en escena respeta el nacimiento original de la propuesta: despejada. En aquella época, el teatro tenía muy pocos recursos». Eso, y un motivo práctico: «Nos interesaba hacer una obra transportable, que pudiera viajar a Miami, Argentina...». Y ahora, a Madrid.