Política

Abusos a menores

Las secuelas de las víctimas de Díez

La Razón
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«Dificultades en el acercamiento íntimo, incapacidad para hablar de los hechos, que revelan un cierto malestar psicológico», «pensamientos recurrentes e intrusivos», «alteraciones del sueño que no resultan evaluables en el momento actual, pero que sí resultan consistentes con los hechos que denuncian». Son algunas de las «secuelas» que sufren algunas de las chicas que han denunciado al profesor de música del colegio Valdeluz por abusos sexuales, y que se han reflejado en los informes psicológicos realizados a instancias del juez Hermenegildo Barrera, instructor de la causa y que se encuentran aportados al procedimiento judicial.

En dos de esos últimos informes, realizados hace muy pocos días, las conclusiones respecto a la situación de las dos denunciantes –actualmente mayores de edad– son similares en algunos aspectos. Incluso, los presuntos abusos que padecieron cuando eran unas niñas tenían un «modus operandi» muy parecido. Ambas relataron que sucedían cuando recibían clases de piano, y que en un momento determinado el imputado les hacía tocamientos metiendo su mano por la espalda. Y ninguna de ellas tenía intención de denunciar los hechos, ni se lo comentaron a sus padres hasta que todo ha salido a la luz.

En algunas ocasiones, existía hasta una especie de sentimiento contradictorio, ya que, por un lado, quería dejar las clases con ese profesor, pero no se atrevía a dejarlo porque había sido ella misma quien le eligió.

Pero, además, existía una especie de sentimiento de indefensión y desprotección, de que «no podía hacer nada en contra de lo que pasaba».

Las dos jóvenes, además, coincidieron en que tienen dificultades para establecer relaciones de intimidad o de pareja. Una de ellas fue más que relevante en lo que expresó en la entrevista psicológica: «Refiere dificultades en sus relaciones sexuales, tanto en el acto de la relación sexual en sí, como en los de intimidad física, momento en el que acuden a su mente recuerdos e imágenes de los presuntos abusos que le llevan a rechazar el contacto con la pareja. No obstante, reconoce que esto no se produce siempre».

Otra de las denunciantes expresó que actualmente no sufría alteraciones «relevantes» en relación con los hechos denunciados, «si bien reconoce ciertas dificultades en el acercamiento íntimo y sexual, así como dificultades para hablar de los hechos y de cómo se siente respecto a ellos».

Sobre esta última –al igual que la otra denunciante a la que se alude en esta información, no se ofrece ningún dato personal–, los resultados son más que elocuentes: «Alto neuroticismo –inestabilidad emocional– que pone de relieve una tendencia a experimentar sentimientos negativos, con miedo, vergüenza, culpabilidad..ansiedad social y vulnerabilidad».

Consistentes con denuncias

Las conclusiones del estudio psicológico respecto a esta chica fueron las siguientes: no se han objetivizado alteraciones psicológicas de entidad; no obstante, sí presenta «alguna alteración, como las dificultades en el acercamiento íntimo, incapacidad para hablar de los hechos, que revelan cierto malestar psicológica»; y, en tercer lugar, «como respuesta a una situación vivida como traumática, presentó, según describe, pensamientos recurrentes e intrusivos, así como alteraciones del sueño que no resultan evaluables en el momento actual, pero que sí resultan consistentes en los hechos que denuncia».

Las conclusiones respecto a la segunda de las denunciantes son similares en algunos extremos, pero, además, padece una baja autoestima, rasgos de personalidad desadaptados, problemas en las relaciones intersociales, etc. Condiciones, concluye el dictamen, que «resultan consistentes con los hechos que denuncia, y se encuentran con frecuencia en víctimas que han sufrido abusos en la infancia».