Los árboles del buen camino

La artista lucense Luisa Rubines vuelve a su Lugo natal con una exposición fotográfica en la que naturaleza y espiritualidad se mezclan

Luisa Rubines acaba de inaugurar en la Casa de Galicia este camino arbolado; como una fada, su cámara fotográfica nos guía a lo largo de la exposición mostrándonos el duende de su belleza. Emigrante –como buena gallega– regresa de Londres a su tierra, la Ribeira Sacra del Miño, reinterpretando la belleza los árboles sumergidos en el Embalse de Belesar.

La muestra está compuesta por 35 fotografías, entre ellas 13 cajas de luz e imágenes impresas sobre bastidor o de gran formato donde la sensibilidad de la autora, su calidad fotográfica, imaginación y complicidad con el espectador consiguen perpetuar en la memoria lo que el cauce cubre. Abstracción y surrealismo donde las formas de los árboles del recuerdo se hacen interpretables al espectador bajo la latente sugerencia de la imagen. Obras como «La huella del tiempo», «El árbol de Dalí» o «El guardián de la memoria» hacen un guiño al surrealismo daliniano en su persistencia de la memoria.

La belleza sobrevive al sentimiento de soledad y nostalgia, donde el desnudo del árbol yerto muestra bajo la corteza desprendida el corazón de la misma naturaleza. Cada imagen es un poema al optimismo, Luisa encuentra agujeros blancos y retrata la naturaleza en toda su generosidad pintando con su agua anillos en las ramas inertes. Su obra «El bosque pintado» es tal vez un guiño al Bosque Animado del escritor también gallego Wenceslao Fernández Flórez, porque Luisa, embajadora del arte gallego por el mundo, encuentra en sus bosques al perro de Goya y la raíz de sus árboles son la raíz de su cultura. Abstracciones superrealistas donde la muerte cobra «Vida» jugando con la verticalidad de lo que acaso creemos horizontal, un juego visual entre reflejos y percepción. Una visión positiva donde la muerte renace en el «Útero de la vida», los animales se reencarnan y se nos muestra un paisaje a «La Esperanza». Luisa Rubines nos recuerda que la belleza se encuentra donde haya ojos para verla, y regresa a su tierra devolviendo con su obra el hálito y la ilusión a un país que con el agua al cuello no quiere rendirse.