Un blindaje a los edificios del siglo XX de la capital

El Ayuntamiento revisará el catálogo de inmuebles protegidos, con una especial atención para aquellas construcciones industriales del pasado siglo

No solo los edificios centenarios merecen protección. Gran parte de la historia de Madrid se escribe en los inmuebles levantados a lo largo del pasado siglo XX. Una arquitectura industrial y contemporánea que merece también ser salvaguardada. El Área de Desarrollo Urbano, que dirige Mariano Fuentes, ha impulsado la revisión del Catálogo de Bienes y Espacios Protegidos no solo con el objetivo de adaptarlo y mejorarlo; también para poner en valor el patrimonio más moderno de la ciudad. Así, se incluirán unos 400 nuevos edificios.

Según afirman desde el Área, el Consistorio lanzará el concurso para el contrato, que posiblemente estará licitado para finales de año. Y es que todo este patrimonio deberá ser objeto ahora de un arduo trabajo de campo, un análisis histórico y la consecuente propuesta de protección, de acuerdo a criterios municipales. Así, el Ayuntamiento baraja beneficios fiscales, administrativos y jurídicos para estos edificios. Estos son algunos de los más destacados.

Edificio Castelar

La glorieta de Emilio Castelar, en el Paseo de la Castellana, constituye todo un tesoro en lo que a modernismo arquitectónico se refiere. Entre otros inmuebles, destaca el conocido como Edificio Castelar, en el número 50, emprendido por el arquitecto Rafael de La Hoz Arderius en 1975 y culminado en 1983. Sus 17 plantas destacan por la estructura colgante del edificio, sustentadas por un núcleo de hormigón que no se encuentra en el centro, dando la apariencia de que su fachada exterior se encuentra suspendida en el aire. El inmueble ha pasado por muchas manos. Al principio, se diseñó para ser la sede del Banco Coca, después fusionado con Banesto. El Banco Español de Crédito y, finalmente, Mutua Madrileña se hicieron cargo del edificio, alquilado posteriormente a entidades como Catalana Occidente y al bufete de abogados Pérez-Lorca.

Colegio Asunción

Miguel Fisac es uno de los arquitectos cuyo legado está siendo objeto de reivindicación. Suyo es el Colegio Asunción, en el kilómetro 7,8 de la carretera de Burgos. Para explicar su historia, hay que remontarse a principios de 1960. Debido a que las viviendas empezaban a ganar espacio a las instalaciones dotacionales, las religiosas de la Asunción se trasladaron del barrio de Salamanca a las afueras de la ciudad. Concretamente a Cuesta Blanca, zona muy próxima a la N-I. Su objetivo, dar cobijo a alrededor de 1.500 alumnas. Debido a las irregularidades altimétricas del solar, Fisac ideó una solución de bloques de edificación enlazados de forma fluida y eficaz a través de galerías y rampas que rectifican los niveles.

Basílica de Nuestra Señora de la Merced

Fue en junio de 1949 cuando el jurado del Concurso de Ideas para la Basílica-Convento Hispano-Americano de Nuestra Señora de la Merced, en el número 23 de la calle General Moscardó –ahora Edgar Neville–, pronunció su fallo. Por delante de nombres tan ilustres como el ya mencionado Miguel Fisac, Rodolfo García-Pablos o Casto Fernández Shaw, se impuso el proyecto de los arquitectos Luis Laorga y Francisco Javier Sáenz de Oíza. Erigida donde se ocultaba una antigua cripta, se tardó casi 20 años en poner en pie. Concretamente, fue en 1965 cuando comenzó a recibir a sus primeros fieles. La finalidad era casar los elementos tradicionales de la arquitectura religiosa con los propios de las construcciones españolas, sin olvidar tampoco la arquitectura colonial. Diseñada sobre planta de cruz latina, su nave central y las capillas laterales supusieron, en opinión del Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM), un nuevo horizonte de la arquitectura religiosa del país.

Colegio Alemán

En junio de 2019 comenzó el derribo del Colegio Alemán, situado en el número 32 de Concha Espina, que cedería su espacio a la extensión del Hospital San Rafael emprendida por la Orden Hospitalaria San Juan de Dios. Una construcción que se encontraba originalmente en la calle Zurbarán y que en 1959 fue trasladada debido a que se había quedado pequeña para acoger a sus más de 900 alumnos. Sin embargo, los trabajos de demolición fueron paralizados el pasado año por el juzgado de lo Contencioso Administrativo número 26, que estimó el recurso interpuesto por una asociación ecologista y convenía en señalar el «marcado sentido histórico» de la construcción.