Alfombra roja sobre el desacuerdo verde

Mientras los países en vías de desarrollo reclaman a los ricos recapitalizar el Fondo Verde del Clima, Rusia pide eliminar sanciones unilaterales, Brasil saca pecho de su política medioambiental y países como Barbados reclaman que el nuevo objetivo climático se ajuste a 1,5ºC

Con la apertura del segmento de alto nivel arrancó ayer una semana decisiva en la Cumbre del Clima. Sin embargo, los focos volvieron a centrarse en los famosos. Si hace unos días fue Greta (hoy por cierto también lo será) y el viernes Bardem, ayer fue el turno de Alejandro Sanz y Harrison Ford, aunque con diferencias. Mientras el músico pedía que «dejáramos de acusarnos porque esto no es una cuestión política, se trata de salvar nuestra casa», el actor reprochaba al Gobierno de Donald Trump su «falta de valentía» en la lucha contra el cambio climático, y recordaba que «lo que necesitamos ahora es el valor para actuar».

Mientras esto sucedía, los diferentes ministros de cada país exponían sus promesas y peticiones cuando solo tienen hasta el viernes para ponerse de acuerdo en diferentes aspectos como el artículo 6 (mercado de carbono). Ahora bien, no vale cualquier redacción, se ha de evitar la doble contabilidad. Las áreas clave de esta tarea son el 6.2 (relativo al comercio entre países), el 6.4 (creación de un nuevo mercado mundial) y el 6.4d (que estipulaba que los mercados debían conducir a la reducción de las emisiones). Sin embargo, poco se ha avanzado, al menos de momento. Si los expertos aseguraban que las negociaciones técnicas iban muy lentas la primera semana, ayer los ministros de la High Ambition Coalition denunciaron su frustración por el lento progreso dado que no se vislumbra de momento que los países se comprometan con planes climáticos más estrictos en 2020 y 2050 en vías de neutralidad de carbono. Así, aseveraron que «hay signos problemáticos de que muchos países están preparados para aceptar una salida que representa solo negocios como siempre y eso no es aceptable», afirmaron.

Pero, ¿qué quiere cada país? Durante el Pleno celebrado ayer en dos turnos se repitieron varios mensajes. Los países en vías de desarrollo coincidían prácticamente todos en reclamar a los países desarrollados recapitalizar el Fondo Verde para el Clima. Este fondo creado para ayudar a la adaptación y la mitigación de los países en desarrollo, cuenta con apenas 100 millones de dólares, cuando se prometieron 100.000 millones de euros anuales.

Rusia, que no ratificó el Acuerdo de París hasta el pasado mes de septiembre, reclamó unos «esfuerzos coordinados conjuntos más firmes». Además, tras afirmar que «respaldan el trabajo del Fondo Verde por el Clima», aseveró que «el artículo 6 es un mecanismo de mercado y que no sean de mercado para la acción internacional. Otra de las prioridades es eliminar las múltiples barreras que existen, como las sanciones unilaterales, que impiden una inversión adecuada al desarrollo tecnológico o cooperación en materia de información entre países para hacer frente al cambio climático son obstáculos que han aumentado en los últimos años».

Brasil utilizó su turno de palabra para destacar ante el mundo su política medioambiental (tan denostada). Recordó que «Brasil emite únicamente el 3% de las emisiones globales», y destacó que «la reducción significativa de las emisiones se debe en parte al sector privado». Tras destacar el 80% de la selva amazónica está intacta, recordó que hay que refinanciar el Fondo Verde del Clima». Eso sí en ningún momento habló de la doble contabilidad que el país defiende respecto a los NDC, lo que pone en riesgo un sistema global en el que entrarían reducciones de emisiones que no se han producido.

También habló Palestina, como portavoz del grupo 77 y de China, que afirmó que «es indispensable el apoyo de países desarrollados (al fondo). Es necesaria una mayor financiación liberada de politizaciones para así poder avanzar». Tras lo cual lamentaron «el cinismo de algunos socios respecto al multilateralismo». Algo que China, por cierto, «defiende para unos temas y no para otros», segun explicaron fuentes de la negociación.

Canadá, por su parte, alentó a que «todos los países pongan como nosotros un precio a la contaminación» y aseguraron que «nos comprometemos a evitar la doble contabilidad y a ser transparentes».

Anuncios y demandas

También fue el momento de anuncios. Así, mientras Armenia aseguró que iban a plantar 10 millones de árboles en 2020, el Reino de Tonga aseguró que en 2035 serían 100% renovables y Oman que tendrían trenes que funcionarían con energía eólica de aquí a 2020. Y de las peticiones. Así, mientras Tuvalu solicitó el apoyo de la comunidad internacional para crear islas artificiales, Barbados, tras explicar que serán «en 2030 el primer estado isleño neutro en carbono gracias a las renovables», «pidió que el nuevo objetivo climático se ajuste a 1,5ºC». Bahrain a su vez consideró necesario realizar un estudio sobre el papel que pueden desempeñar las tecnologías (como el secuestro y captura de CO2) en la acción climática. Fiji pidió lograr esa meta de financiación de 100.000 millones de dólares para 2020 y empezar a trabajar para crear un objetivo nuevo colectivo para la financiación climática para 2025 y años posteriores.

Ucrania por su parte afirmó que «la transición del Protocolo de Kioto al 6.4 puede suponer un descrédito de los mercados». Y aprovechó su turno de palabra para pedir a las partes «que cumplan íntegramente con el territorio de Ucrania. Lo digo por declaración en informes de Crimea que hace la Federación rusa. Si persiste tal agresión habrá que reforzar las sanciones».