El coronavirus aumenta el interés por comprar casas en el campo

Estas últimas semanas, las inmobiliarias han detectado un interés creciente por las zonas rurales.

La crisis sanitaria provocada por el coronavirus ha aumentando el interés de los urbanitas por el campo. Así lo demuestra, por ejemplo, el informe realizado por el portal inmobiliario Idealista, que ha visto cómo de enero a hoy el volumen de búsquedas de vivienda en grandes ciudades ha descendido del 44,1% al 38,8%. Al mismo tiempo, aumentan las consultas en favor de municipios más pequeños de cada provincia. Parece que el fenómeno es común a todas por igual, aunque «La Rioja es donde más ha cambiado el interés de los demandantes y Lérida donde menos».

Enrirque Martínez Pomar, director del proyecto Arraigo, es testigo de este fenómeno incipiente de éxodo de la ciudad: «En estos últimos tres meses hemos visto cómo se multiplicaba por cuatro el número de familias que se quieren mudar a zonas rurales respecto a las de 2019. Actualmente hay una lista de unas 2.500 personas que quieren hacer el cambio», dice.

El proyecto Arraigo nació en 2016 en Soria con la intención de luchar contra la despoblación de la España rural. «El tema era sangrante y queríamos saber por qué los pueblos continuaban vaciándose a pesar de que había gente en ciudades como Madrid dispuestas a trasladarse», continúa Martínez. Tras un primer diagnóstico, decidieron dedicar parte de su esfuerzo a los servicios poblacionales y trabajar como intermediarios entre las familias con ganas de llegar el mundo rural, los ayuntamientos, las empresas locales y los vecinos.

Una de sus primeras conclusiones fue que para los ayuntamientos pequeños (trabajan con localidades de menos de cien habitantes) se trataba de repoblar. Para ello les interesaba promover y apostar por personas que quisieran una primera vivienda. El objetivo, potenciar el arraigo.

Los últimos años se estaba recuperando el interés de cada vez más personas por trasladarse a zonas periurbanas o rurales, pero ahora «el COVID-19 supone un verdadero punto de inflexión. La busca más que nunca lugares libres de aglomeraciones, sin tráfico y rodeados de zonas verdes y con mejor calidad de vida. Más que el interés ha crecido la convicción de querer cambiar. Antes se veía el campo como el último refugio o remedio.

“La avalancha”

Ahora con el teletrabajo es más fácil tener un proyecto de vida, por lo que creemos que va a venir una época fuerte. De hecho, en algunos lugares se está bautizando este momento como ‘la avalancha’», opina Martínez. «Durante la cuarentena son muchos los españoles que se han dado cuenta de que viven en una vivienda que no les gusta y que preferirían vivir en zonas menos céntricas a cambio de disponer de más metros cuadrados, mayor luminosidad, jardines o terrazas», dicen desde Idealista.

Parece buen momento para reflexionar sobre la llamada «España vaciada» y su relación con esa otra España, la que bien podría definirse como súperpoblada. Y es que en el 30% del territorio se concentra el 90% de la población. Además, desde 2011, el 80,2% de los municipios (6.516) están perdiendo habitantes a un ritmo cada vez mayor. De estos, unos 4.000 tienen menos de 1.000 vecinos. El despoblamiento se ha acelerado en la última década o al menos era así hasta la llegada del coronavirus. Y es que, por otro lado, el parón de la actividad y los ERTE también está provocando más solicitudes de empleo en el sector agrario.

«Hemos tenido unos 11.000 demandantes de empleo estos meses y vemos que de donde más solicitudes llegan es de Madrid y Sevilla. Sin embargo, el sector sigue teniendo problemas para cubrir las vacantes de los temporeros extranjeros y esto se debe en muchos casos a la prohibición de cambiar de provincia», explica Juan Almansa, director de proyectos de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores.

Para el portavoz de Asaja, el COVID-19 favorece más a la España rural que cualquier otra iniciativa y política emprendida hasta ahora. «Muchos productores se han reinventado; han añadido canales de venta directa online y están teniendo mucho éxito. Todo esto es porque el mensaje de la importancia del mundo rural ha calado ahora más que nunca», dice.

En el campo no todo es tan idílico

El COVID-19 se ha convertido en una oportunidad de oro, pero cuidado porque el traslado al campo, dicen los consultados, no es fácil ni idílico y está bastante alejado de imágenes bucólicas. Esta es la primera lección que debe interiorizar quien se esté planteando mudarse. «El mundo rural es duro; las dificultades son mayores (algunos servicios son más escasos) y no se puede venir si no se tiene coche ni ingresos y un proyecto de vida. Sobre todo hay que evitar las decisiones rápidas y que el motivo para llegar al mundo rural sea escapar de la ciudad», dice Martínez. «Hay trabajos que se pueden desarrollar fácilmente en el sector primario, pero son duros y otros, como el esquileo de ganado, que no se pueden aprender en un día. Algunos empresarios se han encontrado con personas que llegan de la ciudad porque necesitan trabajar y aguantan horas en el campo», dicen desde Asaja.

Que este interés por el campo se conviertan en una nueva relación de entendimiento entre mundo rural y urbano tiene que empezar, según los encuestados, por mejorar la comunicación entre ambas partes. «Necesitamos emprendedores con proyectos que se asienten en el territorio, pero también para que haya un crecimiento sostenido en los pueblos tiene que haber mucha planificación por parte de la administración pública», concluye Martínez. Si no hay servicios, financiación y un clima favorable para la integración, la vuelta al campo puede ser flor de un día. «El COVID-19 es un buen acelerador para la repoblación del mundo rural, pero sin políticas que dinamicen los territorios no durará. Nadie quiere vivir aislado y sin servicios básicos», opina Almansa.

Lo cierto es que nadie se atreve a aventurar qué pasará a medio y largo plazo, ni desde al mundo rural ni desde la ciudad. Si la crisis económica es profunda puede ser que quienes hayan vuelto al campo en busca de trabajo como temporeros se queden. Eso mismo pasó después del estallido de la burbuja inmobiliaria de 2008, dicen los agricultores. Desde el sector inmobiliario, en general poco amigo de predicciones, tampoco se atreven a asegurar si se trata de un cambio de paradigma profundo y duradero. Es parte de la incertidumbre que está generando el virus SARS-CoV-2 en todos los ámbitos de la sociedad.

El Milagro “ECO” Balear

Las islas Baleares cuentan con un 17% de territorio dedicado a producción ecológica. Ya desde hace tiempo sólo llegan a cubrir el 50% de la demanda de frutas, verduras, vinos o quesos locales y eso a pesar de que cada año el terreno destinado a cultivo eco crece a un ritmo de un 10%. En ese contexto el SARS-CoV-2 ha añadido solo un mayor estímulo a la compra local. Así por ejemplo, mientras en el resto de la Península los ganaderos de cabritos o lechales han visto sus ventas prácticamente paradas por el cierre del canal Horeca (hoteles y restauración), en la isla se han multiplicado las ventas de cordero por 10. «Se han llegado a vender entre 600 y 800 animales a la semana. También es cierto que ha coincidido la llegada de la Semana Santa. Por otro lado, la venta online ha permitido que los agricultores sirvan sus producto a pesar de que los mercadillos y la venta directa estaba prohibida», explica el portavoz de la Asociación de Producción Agraria Ecológica de Mallorca. Ahora que las islas se ven privadas de turistas, los productores piden que se estudie hacia donde quiere ir el modelo económico de las Baleares y es que calculan que a bote pronto «se podrían incorporar otras 30 familias y unas 100 personas más al campo… aumentando los cultivos locales se evitaría parte de ese 50% que tenemos que importar. Luego habría que sumar los puestos de trabajo indirectos», explican desde Apaema.