Llegaron las lluvias

Ramón Tamames
Ramón Tamames FOTO: Cristina Bejarano La Razón

Desde tiempo atrás, cuando llega la primavera, me permito hacer alguna previsión de lo que podrán ser las cosechas de los ulteriores verano y otoño, en los campos peninsulares en los que tanto tenemos de secano.

Esa atrevida premonición se basa en mi observación directa: viajes de avión en días claros, que ofrecen una especie de gran coyuntura visual. Y algo parecido a ras de tierra, las apreciaciones de los viajes en AVE, con una percepción rápida pero decisiva por el cromatismo cambiante.

Hace muchos años, por estas fechas, era frecuente la pregunta a gente que sabía algo del campo: «¿Cómo irá la cosecha este año?». Y más en concreto, los más cuantitativistas precisábamos: «¿Quedaremos por debajo de los 20 millones de toneladas de cereales, o llegaremos a los 25?».

Hoy, las noticias sobre los futuros resultados de un año agrícola en el «dry farming» celtíbero, son muy poco frecuentes. A casi ningún urbanita le interesa ya qué va a pasar con las sementeras y si la mies será mucha o poca, y en cuanto a lluvias, ahí están los embalses…

En cualquier caso, yo no voy a renunciar a mis predicciones para 2022. Al comenzar el año, en enero y siguiendo en febrero, las temperaturas fueron extremadamente altas con gran sequedad: los presagios no eran nada halagüeños. Pero afortunadamente, como en el título de aquella extraordinaria novela, y luego película, «Llegaron las lluvias», de marzo y abril. Y con ellas vimos la alegría de los agricultores que siempre buscan en el cielo las aguas benefactoras que colman sus deseos.

Esta campaña, ya lo digo aquí para general conocimiento, superaremos bastante los 20 millones de toneladas, y nos acercaremos a 23 o 24. Veremos qué vienen diciendo a partir de ahora desde el Ministerio de Agricultura, desde Asaja o la COAG.