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¿Por qué las renovables son imprescindibles?

La electricidad procedente de fuentes renovables no solo es positiva para el medio ambiente, sino que es más barata y la clave para la independencia energética. Hablamos con Eloy Sanz, doctor en Ingeniería Química

Energía renovable factura
La energía eólica es la primera fuente de generación de EspañaGustavo Quepónfreemarker.core.DefaultToExpression$EmptyStringAndSequenceAndHash@1012e55c

Existe consenso a nivel político en que el despliegue de nuevas plantas de energía renovable es, en la actualidad, una de las soluciones más claras para contener los precios energéticos (incrementados por el encarecimiento del gas) y reducir la dependencia a esta fuente energética, importada de terceros países como Rusia o Argelia, con los que Europa y España mantienen fuertes disputas geopolíticas.

¿Por qué? Eloy Sanz, investigador en Energías Renovables en la Universidad Rey Juan Carlos y doctor en Ingeniería Química, lo explica así: «Es sencillo. Las renovables funcionan porque cada kilovatio hora de renovables elimina dos kilovatios hora de gas. Por tanto, la factura es más barata». Además, a través de estas fuentes se genera aproximadamente el 50% de la electricidad que consumimos.

«Gracias a las renovables, tenemos una factura de la luz más baja que si no estuvieran. Si el coste total cada vez es mayor es porque el precio del gas en el mercado continúa subiendo. Sin las renovables, sería todavía más alto», añade el también revisor experto del IPCC, el panel de expertos de la ONU que publica los informes más importantes sobre cambio climático.

La energía fotovoltaica permite abaratar la factura eléctrica de forma drástica en momentos de baja demanda, con precios que rondan los 30 euros por MWh, muy lejos de las medias actuales, superiores a los 200 euros por MWh, que en según qué días superan los 400 euros MWh. Por tanto, las energías solar, eólica e hidráulica son la mejor alternativa disponible en la actualidad para blindar el país ante los vaivenes del mercado.

«Es una de sus grandes ventajas: reducen nuestra dependencia energética de los combustibles fósiles o del uranio. Nos hace fuertes ante bandazos políticos de países como Argelia, Rusia o Irak, que no son los aliados más estables ni los más estratégicos y no tienen niveles democráticos aceptables», apunta Sanz. Además, no habría que comprar más energía fuera de nuestras fronteras. «Todo el beneficio de producirla se quedaría dentro de España, donde además generarían empleo. Por no hablar de que nadie prefiere que le construyan frente a su hogar una central térmica de carbón antes que un parque solar o eólico, ya que empeoran la calidad del aire y la salud de las personas».

Sin embargo, la instalación de nueva potencia fotovoltaica y eólica se ha estancado, obligando a España a generar más electricidad con gas importado a precios más altos, pese al aluvión de proyectos en energías limpias que presentan las empresas del sector. La realidad es que el ritmo de puesta en marcha de nuevas plantas está muy por debajo de los objetivos del Gobierno incluidos en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC). Para llegar a lo pactado por España con Bruselas, habría que acelerar la instalación de nuevas plantas al doble y el triple del ritmo al que se está construyendo en la actualidad.

Eloy Sanz es Ingeniero Químico y revisor del IPCC
Eloy Sanz es Ingeniero Químico y revisor del IPCCArchivofreemarker.core.DefaultToExpression$EmptyStringAndSequenceAndHash@1012e55c

Falta agilidad burocrática

«El atasco burocrático es la principal causa. Las administraciones no tienen los técnicos suficientes como para tramitar solicitudes», explica Sanz. La industria dedicada a promover renovables tiene claro que el cuello de botella más importante es el que se produce a la hora de lograr la concesión de los permisos administrativos necesarios para arrancar las obras. Cada vez son más las voces que solicitan a los responsables políticos que «desenmarañen» este laberinto burocrático, que se produce tanto en ayuntamientos, comunidades autónomas como en la Administración central.

Al margen del estancamiento, lo cierto es que la instalación de energías renovables avanza cada vez más. «En España, constituye el 50% de nuestra electricidad y en la Unión Europea en torno a 40%. Estamos mejor que la media», celebra el investigador. «Es un dato positivo porque, en el año 2005, en España la electricidad solar que generábamos era cero. Estamos en el 10%. En cuanto a la eólica, en el año 2000 era del orden del 1 y el 2%; el año pasado cerró en el 23% y es la primera fuente de generación eléctrica del país. ¿Estamos subiendo bien? Sí, aunque debemos hacerlo más rápido. Todavía tenemos por delante un gran reto».

Tecnología más que posible

La transición total a las energías renovables es «tecnológicamente posible y económicamente viable», asegura. «Más de 550 artículos científicos demuestran, para diferentes regiones o a nivel global, que es posible obtener el 100% de nuestra energía de fuentes renovables de manera sostenible». Pero no será una meta sencilla de alcanzar. La transición total aguardará desafíos, entre los que se encuentran hallar un buen sistema de almacenamiento para robustecer la red (que sea estable en invierno pese a que haya menos luz solar, así como en los meses en los que corra menos viento). Pero Sanz no alberga dudas de que en el futuro se llegará a un sistema de almacenaje refinado.

Más que un problema tecnológico, señala Sanz, el salto a las renovables es una cuestión de voluntad política y de inversión: «Si se quiere se puede, pero hay que querer, y tenemos que querer todas y todos, ciudadanía y políticos». Además, advierte que antes incluso transicionar hacia las renovables hay que hablar de «reducción del consumo de energía». En este sentido, añade: «Ahorrar energía siempre supone una ventaja en todos los aspectos que se puedan valorar, tanto económicos como climáticos y de salud».

Así mismo, avanza que este «ahorro» energético no será tan prohibitivo como podría parecer: «Las emisiones de CO2 totales de España en 2019 fueron muy parecidas a las del año 1989. Esto quiere decir que consumir menos energía o emitir menos no supone volver a las cavernas, es simplemente hacer las cosas mejor».