Enfermos que superan el Covid-19: ¿Pueden volver a conducir?

La DGT advierte que el virus puede dejar secuelas incompatibles con la conducción

En un artículo publicado por la revista de la DGT “Tráfico y Seguridad Vial”, firmado por Elena Valdés, asesor médico de la Unidad de Programas de Aptitud Psicofísica de la DGT, Tráfico recomienda a quienes hayan padecido el virus, sobre todo a conductores profesionales, “hablar con el médico de cabecera y considerar posibles alternativas”.

En la publicación puede leerse que “La infección por coronavirus se expresa con un cuadro clínico de mayor o menor gravedad que altera la calidad de vida y puede afectar a la capacidad de conducir o agravar patologías previamente controladas elevando el riesgo de accidente de tráfico. Las principales manifestaciones son fiebre, tos, dolor de garganta, ausencia de gusto, debilidad muscular, SDRA (síndrome de dificultad respiratoria aguda), mareos, malestar, náuseas, diarrea, fallo renal.

Algunas veces se acompaña de alteraciones cardiovasculares, del metabolismo de la glucosa, del nivel de conciencia, accidente cerebrovascular, neuralgia, visión borrosa, fenómenos trombóticos, fallo multiorgánico… los cuadros clínicos pueden ser leves (seguimiento domiciliario); grave (ingreso hospitalario); muy grave (UCI). Otra inquietud la genera el posible deterioro que la propia enfermedad o las repercusiones sociales y económicas que la pandemia puedan producir sobre la aptitud psico-física para conducir. Los expertos en salud mental señalan un incremento del estrés, dificultades de concentración, insomnio, incremento del consumo de alcohol, etc., que afectan a todas las áreas de la vida y también pueden repercutir en la seguridad incrementando el riesgo de accidente”.

En la publicación ofrecen consejos en caso de haber sufrido covid19 y presentan los siguientes síntomas:

Debilidad, fatiga, dolor muscular y articular: conviene evitar viajes largos. Cuando sea imposible hacerlo, hay que planificar bien el trayecto para realizar paradas de descanso que permitan mover las extremidades. Lo ideal es poder alternarse al volante con otro ocupante del vehículo.

Insuficiencia respiratoria: en estos casos resulta muy importante realizar una ventilación adecuada del vehículo y hay que impedir que ningún pasajero fume en el habitáculo.

Alteraciones cognitivas, que afectan a la toma de decisiones y al proceso de información: no es recomendable manejar un vehículo hasta que se recupere la capacidad cognitiva y desaparezca el estado confusional.

Enfermedades cardiovasculares o metabólicas anteriores a la Covid-19: estas pueden sufrir alteraciones y complicaciones con procesos como hipoglucemia en diabéticos, mareos o pérdida de conocimiento por arritmias. En todos estos casos es conveniente no conducir hasta estabilizar el proceso.

Problemas de visión (borrosa, ojo seco...): antes de ponerse al volante, se debe consultar al oftalmólogo para valorar la importancia del caso y determinar si es incompatible con una conducción segura. No en vano la inmensa mayoría de la información que recibimos en la carretera nos llega a través del sentido de la vista.

Síntomas neurológicos (mareo, alteración de conciencia, temblores, ataxia...): con estas secuelas no hay que conducir. Se debe informar al médico para descartar trastornos del sistema nervioso.

Los conductores profesionales o aquellas personas cuyo vehículo es su herramienta de trabajo, antes de volver a conducir, tienen que hablar con su médico de cabecera y considerar posibles alternativas.

Por su parte, Enrique Mirabet, médico de la Sociedad Española de Medicina de Tráfico, recomienda en la misma publicación a los conductores que hayan padecido Covid19 que, “una vez recibida el alta hospitalaria e intentan reanudar su actividad, familiar, social, laboral y de ocio, han de estar atentos. Además de la fase aguda del covid en función de su gravedad, estamos empezando a conocer qué ocurre tras superar la infección, qué secuelas y consecuencias habrá dejado en diferentes órganos y aparatos de nuestro organismo. Por un lado, los más graves, con estancia en UCI, van a sufrir una debilidad y pérdida de masa muscular que será necesario recuperar antes de volver a conducir. Los que han estado sometidos a ventilación mecánica, aparte del SDRA (Síndrome de Dificultad Respiratoria Aguda), que deja una insuficiencia respiratoria prolongada, están presentando cuadros de deterioro mental como depresión y ansiedad. Además, durante la hospitalización, dadas las características particulares de aislamiento, se genera un estado de confusión que puede llevar a déficits cognitivos y de memoria incluso prolongados. Por otra parte, los tratamientos farmacológicos a los que han sido sometidos entrañan cierto riesgo por los efectos adversos que pueden presentar: neurológicos (ansiedad, cefalea), cardiovasculares (hipertensión arterial, QT largo), hematológicos (discrasias sanguíneas); musculares (mialgias, fatiga, artralgias, debilidad); oftalmológicos, etc”, afirma Mirabet.