Leo noticias sobre Laura Luelmo y siento que, con cada muerte como la suya, algo en mí también se va muriendo. Esa parte de una que espera grandes cosas de la sociedad y la justicia. Que firmaría el contrato social sin leer la letra pequeña. Esa porción de ciudadana seria y confiada, se va erosionando. Sufre un desgaste tremendo con cada chica que muere vejada a manos de un malvado, un retrasado al que, encima, hay que llamar «presunto». Si el tarado asesino hubiese estado bien encerrado en un sitio donde no le resultase fácil tomar el sol, se podría haber evitado el mal. Pero siempre están trotando ahí fuera. Libres y desatados. Al acecho. Laura, lo sabemos, es «solo» otra más. Por desgracia. ¿Cuántas jóvenes –hermosas, sanas, valiosas– habrá que sacrificar ante las fauces del minotauro del mal, para que las autoridades competentes entiendan que hablamos de engendros insaciables, no de pobres enfermos, necesitados de protección y cuidados, a quienes la cómoda cárcel, compasivos permisos y una dieta equilibrada transformarán mágicamente en ciudadanos honorables...? Laura es la penúltima. ¿Cuántas faltan...? Confieso que no me atrevo a escribir lo que pienso. Me muerdo la lengua. Otro asesinato: de nuevo esa injusticia brutal, que violenta, degrada, ensucia a la sociedad, a la parte decente de la colectividad, que somos la inmensa mayoría. Un golpe que proviene directamente de normas muy comprensivas con los criminales. Desdeñosas con las víctimas. No es «justo» que un horrible asesino tenga tantas facilidades para matar y torturar a inocentes. Ya no se sostiene la ficción de la reinserción social para seres tan atroces como ese que le ha quitado la vida a Laura, u otros de igual calaña, que aprovechan sus vacaciones penitenciarias pagadas para matar, violar o robar. Hay incontables ejemplos, sangrientos, trágicos, del fracaso de su supuesta reinserción. La pantomima cuesta vidas. Pero nadie responde por ellas. ¿Debemos esperar que los monstruos se reinserten entre asesinato y asesinato? ¿En qué, dónde...? ¿Y el legislador, será consciente del efecto que tienen en la opinión pública (en el voto) leyes que parecen proteger a los criminales antes que a las víctimas? Se siembra lo que se recoge. También jurídica, políticamente. Y sí: hay leyes que están sembrando cadáveres de seres humanos indefensos, buenos, necesarios, como Laura.