La vida entre rejas

Sandra Golpe

Estas líneas van de presos. Cómo no, de los independentistas que, mientras te escribo, y aunque cueste creerlo, aún no han sido suspendidos como diputados. Recordemos que les están procesando por rebelión, ahí es nada. Y que el reglamento del Congreso es clarísimo al respecto. Me imagino a sus señorías Junqueras, Rull, Turull y Sánchez muy complacidos. Intuyo a Jordi Sánchez ilusionado, pensando en su posible aparición pública, representando a JxCat, en la próxima ronda de consultas del rey Felipe VI (desde luego no ocurrirá, pero soñar es gratis). Ellos y Romeva protagonizan las portadas de los medios, abren informativos y agrandan su leyenda en el universo «indepe» ante el estupor o la indiferencia ciudadana, empachada de campañas.

¿Qué pensarán nuestros mediáticos presos preventivos de la escandalosa partida de tenis que han mantenido públicamente, por ellos, la presidenta de la Cámara Baja y el Tribunal Supremo? Se han estado pasando la patata caliente, a ver quién hacía efectiva una suspensión que todos veían obvia, pero que nadie quería ejecutar: el Alto Tribunal, porque no se considera la ventanilla indicada; Batet, porque a su partido no le interesa en absoluto, por motivos electorales, proceder hasta después de las elecciones del domingo. Si esto fuera un partido de fútbol, ahí estarían los sanchistas, acariciando el minuto 90, ganando al rival molesto por la mínima y procurando, por todos los medios, poseer el balón hasta que el árbitro pite el final del partido no sea que, en el último segundo, les metan el gol más amargo. No sea que suspendan a esos diputados que son hoy su comodín de la victoria.

En el campo madrileño se juega el tiempo de descuento mientras, en Barcelona, el futuro presidente de la Cámara de Comercio de la ciudad, Joan Canadell, verbaliza sus intenciones incendiarias: llama al boicot a productos y empresas españolas hasta que se pronuncien a favor de liberar a los presos del Procés y permitan un referéndum de independencia. Así de moribundos andan los ánimos por aquí. Menos mal que, del otro lado del charco, llega la imagen de Pablo Ibar suspirando, celebrando con los suyos la vida entre rejas. ¡La vida!