“La hoja de ruta social-comunista”

Los populismos se sirven del control de la sociedad y los medios de producción así como de establecer subsidios que tranquilicen a la población

La Razón

Mi padre me decía que hay una edad a partir de la cual la gente ya no cambia. Hace unos años, demasiados, que nos abandonó y no hay día que no lo recuerde. Nació en Barcelona durante el reinado de Alfonso XIII, estudió durante la II República y sufrió los horrores y la tragedia de la Guerra Civil y la dureza de la posguerra en su ciudad natal. Era profundamente liberal y catalanista, aunque sentía un gran amor por España y por Cataluña, algo perfectamente compatible hasta que llegó el fanatismo independentista.

Le acompañaba los domingos a comprar libros al mercado de San Antonio. Me parecía muy heroico, cuando tuve uso de razón, porque subíamos a un altillo en la librería de un amigo que estaba en una esquina para comprar libros que estaban prohibidos durante el franquismo. El amor por los libros y el liberalismo fueron herencia suya. Detestaba los radicalismos y no soportaba el autoritarismo.

Por ello, me horroriza el igualitarismo y el populismo de la izquierda radical. Con respecto a esa igualdad, que es rebajar hacia abajo, me explicó la anécdota de un cantante de ópera que sufrió la igualación de sueldos cuando colectivizaron el Liceo. El primer día cantó, pero al día siguiente le dijo al comisario de cultura que lo hiciera el acomodador, ya que él se encargaría de colocar al público en sus asientos.

La agenda social-comunista nos conduce al desastre, porque desincentiva el mérito y la capacidad. No hay que olvidar que cuando consigan el poder establecerán, como siempre hacen, una «corte» formada por sus cuadros directivos y una «aristocracia» que son sus militantes. Una sociedad subsidiada con estómagos calientes. La debacle económica es un terreno propicio para su ingeniería social que, como sucede siempre antes de que el autoritarismo tome el poder, necesita una crisis como caldo de cultivo para estas políticas.

Los populismos se sirven del control de la sociedad y los medios de producción así como de establecer subsidios que tranquilicen a la población. En la fase previa, nadie imagina que pueda suceder, pero el problema es que acaba sucediendo y los que colaboraron, quitaron importancia o esperaron beneficios finalmente acaban cayendo. No hay nada más popular que ir contra los «ricos», porque es un concepto difuso. A los pijos progres y a los que les parecía chic que gobernara la izquierda y les molestaba el PP les van a dar un palo monumental.