El domingo no se acaba el mundo (pero no te lo creas)

Haz y cuenta tus verdades más ocultas, por fin, sin complejos. Empiezo yo: la única cerveza que me gusta es con limón y a veces tarareo a Melendi

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Juro por lo más sagrado que desde hoy hasta el domingo, no pienso fregar los platos antes de meterlos en el friegaplatos. Sí, sé que la vida salvaje tiene sus peligros, pero para lo que nos queda...

Porque según la última teoría disparatada, el 21 de junio de 2020 se acaba el mundo. Lo ha dicho un supuesto científico en internet: según sus supuestos cálculos cuando los mayas predijeron que el fin del mundo iba a llegar el 21 de diciembre de 2012, en realidad, con el cambio al calendario gregoriano y algo más que no es importante (¡eh!, que estamos en el siglo XXI, a ver si los hechos van a ser importantes ahora), la explosión final y definitiva se producirá este fin de semana. Ya es mala suerte que sea cuando empieza el verano y la nueva normalidad. Justo el día que se puede ir a cualquier lado, nos vamos, hablando pronto y mal, a la mierda.

O sea que según esa predicción llena de agujeros nos quedan cuatro días contados en esta tierra. Quizá sea el momento de hacer por fin todo aquello que nunca nos atrevimos porque pensamos que se podía hacer mañana o que seríamos eternos.

Puede que lo de no lavar los platos antes de meterlos en el friegaplatos sea demasiado arriesgado. O pisar lo que se acaba de fregar, no lavar la fruta o no estirar la ropa antes de tenderla.

Que cada uno piense en sus restricciones, en todo lo que hasta ahora le ha cohibido, y se lo salte. Así, sin miedo, atrévete a llamar a ese número de teléfono que acabas de encontrar en un pantalón antiguo. Atrévete a ir hasta la frontera de tu comunidad y poner un pie en el otro lado; cena unas costillas con la mano, límpiate en la camiseta y no pienses en el colesterol; deja esa película de Eric Rohmer y ponte episodios antiguos de Gran Hermano.

Ya da igual, el mundo se va a acabar, no temas las consecuencias. Haz y cuenta tus verdades más ocultas, por fin, sin complejos. Empiezo yo: la única cerveza que me gusta es con limón y a veces tarareo a Melendi.

Verás como ayuda, vas a sentirte libre, relajado, como si te hubieras quitado un peso que entorpecía tu caminar. No nos queda nada en este planeta, lo que queda hazlo libre de equipaje.

Dile al vecino lo que piensas de que te pusiese Resistiré todas las tardes; no te rías del chiste del jefe; reconoce que, como no podía ser de otra manera, tu corazón es del Real Madrid.

Vale, es verdad que dicen que el supuesto científico ha borrado su cuenta de Twitter y que todo suena a «fake news». Es probable, por tanto, que el domingo 21 por la tarde tu vecino no te hable y los platos que saques del friegaplatos no estén limpios. Es probable que todo siga igual.

Pero también el coronavirus era una pequeña gripe, decían los que sabían. Seguro que ellos también opinan que lo del fin del mundo es mentira.

Pd: llamé al número de teléfono que encontré en ese pantalón de cuando estaba delgado. Era Jazztel, que por qué no quiero pasarme a ellos.