Cuidado, que vienen curvas para España

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
El presidente del Gobierno, Pedro SánchezAlberto R. RoldánLa Razon

En Moncloa parece que son optimistas, el acuerdo europeo les ha dado alas, como si hubiesen bebido Red Bull. De hecho, intentan acuñar ante la prensa la expresión de que “la legislatura empieza ahora”.

El hecho de que la política tenga protagonistas mediocres tiene como consecuencia que los análisis son de medio pelo. Es una realidad que la negociación de Bruselas ha salido bien para España y para Italia.

El primer ministro italiano ha sido aplaudido en el Parlamento en reconocimiento a ese éxito y Pedro Sánchez quería algo parecido, pero dada la situación parlamentaria, tuvo que conformarse con el aplauso de sus ministros ante un grupo de fotógrafos y cámaras convocados ex profeso.

La imagen que quiere proyectar es de éxito frente a los frugales. Las cuentas que hace Sánchez le otorgan un par de años sin problemas económicos que le permitan contener las necesidades de la crisis y reactivar la economía.

Pero el dinero de Bruselas no es gratis y al ejecutivo le van a obligar a realizar reformas. A estas alturas, todos sabemos que eso no es más que una manera suave de decir que va a haber recortes.

En su análisis Moncloa comete un doble pecado: no entender realmente porqué ha llegado ese dinero y no dar prioridad a cómo usarlo adecuadamente.

Si Alemania ha tenido una postura sustancialmente diferente a la del año 2008 no es por ternura hacia el Mediterráneo ni porque Merkel esté de salida de la política. Argumentar eso es un insulto a la inteligencia.

Los teutones son plenamente conscientes de que necesitan el mercado que proporcionan los casi 120 millones de habitantes que suman España, Italia y Portugal para su propio crecimiento económico y que solo hay negocio si la renta per cápita lo permite.

Por otra parte, hay dos conflictos internacionales, soterrados de momento, a los que no son ajenos los intereses europeos: la guerra fría entre EEUU y China y la agitación islámica de Oriente que parece que está tomando cuerpo también en Turquía.

Los dos gigantes se disputan la pica en África en materia de inversiones, pero mucho más importante es la batalla que libran por el liderazgo tecnológico. Europa asiste como espectador, ni Facebook, ni Apple, ni Microsoft, ni Alphabet son europeas, de hecho el único gigante mundial del viejo continente es Airbus y ya sabemos cómo va el sector.

Sin embargo, China ha desarrollado empresas y productos tecnológicos que superan a los norteamericanos técnicamente y que podrían lanzarse al mercado occidental en cualquier momento. Merkel se ha dado cuenta que en medio de ese conflicto una Europa dividida es carne de cañón.

En cuanto a la deriva islamista de Erdogán en Turquía y la presión del mundo árabe por el Mediterráneo, Europa necesita un robusto Sur.

Quizá Sánchez atribuya los fondos europeos a su liderazgo personal internacional, pero Europa no va a asumir ni un riesgo. Exige un entendimiento entre los dos principales partidos y, si no lo hay, no es descartable un Draghi de turno en Moncloa.