Política

Tarde en acción, lento en reacción

El Estado de las Autonomías se ha viciado. No se concibió para que las comunidades compitiesen unas con otras, sino para que cooperasen, pero la lucha por tener mayores competencias, sin actuar bajo una auténtica coordinación, lleva a situaciones absurdas en algunos casos y, peligrosas, en otros.

La prohibición de fumar en la calle o los horarios de cierre del ocio nocturno son medidas que se aprobaron por unanimidad en el Consejo Interterritorial, pero que se han aplicado de manera diferente en cada región.

Algunas comunidades, como Castilla-La Mancha, han ido más allá y han aprobado medidas adicionales, más exigentes con el tema higiénico o los horarios, y otras, como la Comunidad de Madrid, están encontrándose con problemas judiciales para aplicar, por ejemplo, la prohibición de fumar en la calle.

Ante este collage de reglamentos, la incertidumbre y la desinformación se hacen fuertes. Por ejemplo, faltan solo unos días para que finalice el mes de agosto y nadie sabe aún cómo será la vuelta a colegios y universidades.

Cada comunidad decidirá cómo hacer las cosas, pero no se conoce plan general alguno, por lo que se puede intuir que no lo hay. Los gobiernos autonómicos elaboraron borradores cuando se levantó el estado de alarma y se entró en lo que denominó Pedro Sánchez “la nueva normalidad”, aunque esos planes no sirven porque se hicieron bajo la premisa de que el virus estaba controlado y solo habría que hacer frente a rebrotes aislados.

El funcionamiento del sistema educativo es prioritario en un país, desde luego desde el punto de vista de calidad docente y formación de capital humano, por supuesto también desde otros ángulos.

Los padres soportaron medianamente el último cuatrimestre del curso pasado porque ellos también estaban confinados. Si se incorporan a sus puestos de trabajo, y sus hijos no, se producirá un serio problema para muchas familias.

Los profesores se quejan. No solo está en juego su seguridad y la de sus familias, sino que deben estar preparados para rediseñar el curso según la manera en que se deba impartir.

Lo vivido desde marzo puso de manifiesto que la adaptación de las universidades privadas fue más rápida y efectiva. El mundo privado no ha parado, ha realizado una planificación que contempla los posibles diferentes escenarios en septiembre y ha preparado a sus profesores.

La universidad pública ha ido mucho más despacio y aún debe superar la prueba de la Covid-19. Si no reacciona quedará rezagada, para que se ponga al día hace falta que el gobierno actúe, que sea más transparente y que realice previsiones realistas.

El sistema universitario necesita un mando único estatal, se hace urgente el diseño del inicio del curso y la garantía de los estándares de calidad.

Dos cursos en la vida de un estudiante de grado es la mitad de su formación académica. Sánchez por fin ha abandonado su descanso, pero lo ha hecho como todo, tarde en acción y lento en reacción.