Alarmantes últimas noticias

Juan Velarde Fuertes

Todo economista debe permanecer al tanto de las novedades que se adviertan en cada coyuntura. Mucho más, en el caso actual de España. Para mostrar la evolución de nuestra economía, en relación con el conjunto fundamental de sus problemas, existe una posibilidad muy cómoda: la comparación de macromagnitudes con las del resto de la economía mundial, porque España abandonó, desde 1953, la política autarquizante nacida en 1874 y que fue así definida, en 1935, por Perpiñá Grau. Nos hemos introducido desde 1953, cada vez con más ímpetu, en el conjunto de la globalización que existe en la economía mundial, y por eso, resulta interesante analizar nuestra conducta en relación con la de los países más significativos del mundo. Existe otra comodidad, además muy actual: el semanario «The Economist», correspondiente al 29 de agosto de 2020, ofrece –y es el último conjunto de datos que tengo en el momento de redactar este artículo– ofrece toda una amplia esencia de contrastes de la macroeconomía española con nada menos que 40 países, en el apartado Economic & Financial Indicator, conjunto en el que se encuentra España. La comparación se incrementa asegurando, por ejemplo, que las cifras han sido revisadas por The Economist Intelligence Unic. Vemos, en primer lugar, las posibilidades de que los inversores de capital acudan a nuestra economía, tanto los nacionales como los extranjeros. Naturalmente, éstas están vinculadas con que el PIB se incremente. Y he aquí que, según «The Economist», España pasa a ofrecer a estos inversores una caída en el PIB, en este año de 2020, de 12,6%. De los 41 países analizados, sólo nos supera Perú, en 13,0%. ¿No es ya esta cifra española una primera nota a tener en cuenta como muy preocupante?

Pero si ya es alarmante esto, todo se complica con otro dato, relacionado con la realidad social española, ligada a la actividad productiva: la cifra de la tasa de desempleo, en esos 41 países, muestra que la española es de 15,6%, un porcentaje extraordinariamente alto. Únicamente nos supera, en ese índice muy preocupante, Sudáfrica, con el 30,1%. Además se ha sostenido, y puede ser la raíz de un futuro lleno de peligros, que el dato del porcentaje del índice presupuestario español, respecto al PIB, se prevea, para 2020, del 12,3%; tenemos, como acompañantes que nos superan por sus problemas políticos a Estados Unidos (13,08%), Singapur (13,5%), Brasil (15,7%), a Chile (14,0%) y Sudáfrica (16,0%). Se trata pues, de una situación crítica. Concretamente, la presidenta de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) señalaba con alarma en la comisión de reconstrucción social y económica, el pasado 18 de junio: «En 2019 se incrementó el déficit público español respecto al año anterior por primera vez desde 2012. Se incumplió el objetivo revisado que se había comprometido con Europa –del 2% se pasó al 2,8%– y se moderó la senda de crecimiento y se frenó la disminución del desempleo. La Unión Europea, en su informe del 26 de febrero de 2020, recogió esta situación de forma explícita y puso de manifiesto desequilibrios macroeconómicos importantes, en especial los relativos al elevado nivel de deuda externa, interna y a los índices de desempleo». Por eso, dictaminó que las cuentas públicas iban «a sufrir un deterioro sin precedentes provocado por el coste de las medidas a tomar, a causa de la caída del crecimiento, del empleo y la evolución de los estabilizadores automáticos, recaudación de impuestos y seguro de desempleo, y lo que es más preocupante, por el incremento del déficit estructural que se observaba desde el 2018 y que se ha visto agravado por nuevas decisiones de gasto estructural en los últimos meses».

Añadamos una alarmante última noticia, porque acabo de leer que la profesora de Harvard, Carmen Reinhart, a la que voté para que alcanzase el Premio de Economía Rey Juan Carlos, en un artículo publicado con Kennedh Rogoff en «The American Economic Review», en 2010, señala que, cuando el tamaño de la deuda pública pasa por encima del 90% del PIB, se ha experimentado, sistemáticamente, un drástico descenso en la tasa del crecimiento del mismo. España, según las cifras recientes, es de 110% del PIB. ¿Se aprecia alguna reacción por parte del Gobierno Sánchez-Iglesias, ante el próximo debate presupuestario? Y el último informe de la OCDE nos señala que «el déficit para el 2020 puede oscilar entre el 10,3% y el 12,5% del PIB; y la deuda para este año, entre 11,8% y 12,6%», por lo que la presidenta de la Airef muestra que será obligado que «en un periodo no muy lejano, habrá que volver a la ortodoxia presupuestaria, no sólo porque eso será bueno para la economía del país, sino porque la propia Comisión nos lo va a exigir.

Agreguemos una nueva realidad, también preocupante, ante el anuncio de fusión de dos entidades bancarias, Bankia-CaixaBank. Indica Amador G. Ayora, director de «El Economista» , en su artículo del pasado 5 de septiembre, que «las alarmas se dispararon el miércoles pasado, cuando el Gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, el Vicepresidente del Banco Central Europeo, Luis de Guindos, y el Presidente de la AEB, José María Roldán, coincidieron en urgir a los bancos a fusionarse ante lo que se avecina, tras la caída de su rentabilidad. El Banco de España pronostica que un tercio de las empresas tendrá problemas de liquidez».

¿Y habla algo de esto, diariamente, el actual Gobierno Sánchez-Iglesias?