Abascal no suma

Ha sido colaborador necesario de PP y Ciudadanos pero son estos los que se han quedado con los sillones y eso limita la imagen de Vox.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, interviene en el pleno en el que se debate la moción de censura planteada por Vox
El presidente de Vox, Santiago Abascal, interviene en el pleno en el que se debate la moción de censura planteada por VoxEUROPA PRESS/R.Rubio.POOL Europa Press

Santiago Abascal, como estratega político, no tiene precio. Más allá del impacto que supuso en los primeros días que un partido de extrema derecha promoviese una moción de censura, el objetivo y las formas le han hecho descarrilar.

Sánchez está encantado. Ya puede contar a sus nietos que los ultras quisieron su sillón y que lo mantuvo a buen recaudo. Sin embargo, un análisis más profundo y menos personalista señala una serie de riesgos que, en principio, tenía la operación y que, finalmente, se han disipado.

El primero de ellos era que se visibilizase a Abascal y los suyos en responsabilidades de gobierno. La condición previa para ocupar el poder es normalizar el hecho de tenerlo.

Hasta la fecha, ha sido colaborador necesario de PP y Ciudadanos pero son estos los que se han quedado con los sillones y eso limita la imagen de Vox. Ciertamente, la torpeza y una falta absoluta de cabeza política, proyectaron la moción como lo que realmente era, un bofetón al Partido Popular y no alguien con condiciones para gobernar.

Por otra parte, más de dos horas de discurso es demasiado tiempo para quien no tiene nada que decir, excepto soflamas de mitin. Por eso mismo, Abascal no ha convencido a nadie que no fuese ya a sus mítines previamente.

La mala gestión de la pandemia ha sido el argumento utilizado para justificar la moción de censura. Curiosamente lo ha esgrimido el grupo parlamentario que, ya siendo consciente de la facilidad de contagio del Covid-19, convocó un evento multitudinario en Vistalegre con varios dirigentes enfermos poniendo en riesgo a cientos de personas.

El viaje de Vox ha evidenciado que están llenos de proclamas y eslóganes, pero vacíos de contenido. Viven cómodos en el rechazo a los demás, como hizo Podemos en sus primeros pasos, y aspiran a pescar en las aguas del Partido Popular.

No parece que vaya a atrapar mucho voto, aunque Casado sale debilitado. La falta de carisma que tanto se le atribuye, se consolida y la percepción de que entre los populares hay división y fractura, también.

Después de estos dos días de debate, electoralmente las cosas quedarán igual en la derecha política, pero habrá un nuevo momento en el electorado de la izquierda. El miedo a la extrema derecha une y eso arrastrará a muchos votantes podemistas a votar útil, Sánchez se convierte en la referencia a apoyar.

Por tanto, también sale mal parado Iglesias que entre los líos de financiación irregular, el caso Dina y su casa, le han cortado el traje para enterrarlo. En estos casos suele dar igual si hay o no hay causa, una imputación es fácil de hacer y deshacer meses después, el problema es que un vicepresidente no puede estar en esa situación judicial.

Sánchez vuelve a ganar con ello porque se quitaría a alguien a quien todo el mundo considera más inteligente que él. En Moncloa están satisfechos, pero han corrido el riesgo de que a Abascal le saliese bien. ¿Merecía la pena?