La desaparición del PSOE

En esta espiral delirante, la cúpula socialista encuentra muy positiva su alianza con independentistas y bilduetarras

Francisco MarhuendaLa RazónLa Razón

¿Dónde está el partido que fue uno de los principales protagonistas de la Transición? Es evidente que está desaparecido. La renuncia a la defensa de los principios y los valores que le convirtieron en uno de los pilares de la España surgida de la Constitución hace que resulte difícil imaginar dónde encallará esa nave a la deriva. Durante décadas mantuvo un rumbo claro e identificable que le situaba en la centralidad. En cambio, ahora aparece secuestrado por un poderoso Podemos e Iglesias que se consagra como el copresidente al margen del cargo que ocupe. Es triste reconocer las inquietantes similitudes existentes con lo sucedido durante la Guerra Civil cuando la República se convirtió en una marioneta de los asesores soviéticos, que eran los que mandaban. El mitificado Largo Caballero demostró su incompetencia y falta de preparación cuando asumió la presidencia del gobierno. Es algo que ni siquiera la ley de Desmemoria Democrática conseguirá ocultar. Lo mismo sucede con el papel protagonista que asumieron los «abuelos» de Podemos y sus jefes de la Unión Soviética.

Los socialistas dignos y con principios fueron marginados en aras del objetivo de ganar la Guerra Civil. Al final se impusieron los más radicales, incluidos algunos del PSOE, en un régimen que estaba evolucionando hacia una dictadura controlada por los soviéticos. Una muestra de ello es ese lamentable personaje que fue Juan Negrín, que sucedió a Largo Caballero en la presidencia del Gobierno. Nunca entenderé ese disparatado intento por reivindicarlo, cuando fue un incompetente, un fanático y una marioneta de la Unión Soviética. Es uno de los protagonistas del fracaso colectivo que sufrió España y al que ahora se pretende mostrar como un estadista. El PSOE tomó la acertada decisión de expulsarlo del partido en 1946. En otro tiempo y en otras circunstancias encontramos ahora un socialismo dominado por la pulsión comunista de Podemos y que acepta la alianza con los herederos de ETA o la humillación del castellano en Cataluña. Entonces quisieron acabar con la República burguesa y ahora con la monarquía constitucional. Algunas voces se han alzado para denunciar este despropósito, pero el virus de la sumisión se ha instalado en La Moncloa y en Ferraz. En esta espiral delirante, la cúpula socialista encuentra muy positiva su alianza con independentistas y bilduetarras. Es una lástima está pérdida de memoria que lleva a ignorar que su alianza de antaño con el comunismo fue letal, tanto para el partido como para España.