La solvencia de la coalición

No hay explicación sobre cómo se gobierna adecuadamente cuando los puntos de vista son contrapuestos y hasta incompatibles

Emilio NaranjoEFE

En un país que se acerca a los cien mil muertos por el coronavirus y que entierra a una media de 200 españoles cada día, no es fácil que la reflexión nos lleve por otro tipo de derroteros. Tampoco lo permite la triste realidad de que ya hayamos superado los cuatro millones de parados. Tenemos demasiados problemas en casa como para ocupar la atención en nuestra imagen exterior. Pero hay quien sí lo ha hecho.

El Real Instituto Elcano acaba de publicar un informe que apenas ha despertado la curiosidad de los medios. Sin embargo, merece que se le dediquen algunas letras. Sus autores han analizado, entre otras cosas, qué ha supuesto la coalición de Gobierno para la presencia exterior de España. Y de su lectura podría deducirse que el efecto fuera es el mismo que dentro. Vean: «El arranque de 2021 ha evidenciado que no es fácil proyectarse fuera con cierta solvencia ni gestionar una diplomacia sin sobresaltos cuando, desde el seno del propio Gobierno, el socio menor le da la razón nada menos que a la autoritaria Rusia en un incidente entre los ministros de Exteriores de los dos países a cuenta de la calidad democrática de España».

El informe se refiere a cómo el vicepresidente Pablo Iglesias cuestionó a su compañera de gabinete, la ministra González Laya, cuando su homólogo ruso Serguéi Lavrov pretendió hacer un absurdo paralelismo entre la represión contra el disidente Alekséi Navalni y la aplicación de la ley democrática frente a los organizadores del intento de secesión en Cataluña. Que González Laya defendiera la democracia española y que Iglesias la cuestionara define a la perfección a cada uno de los dos. Lo que resulta más complejo es definir el funcionamiento de un gobierno compartido por ambos. Porque, se puede entender que dentro del mismo ejecutivo haya opiniones distintas, pero aún no hay explicación sobre cómo se gobierna adecuadamente cuando los puntos de vista son contrapuestos y hasta incompatibles.

El Real Instituto Elcano trata de encontrar una respuesta al aportar este razonamiento: «Es verdad que, salvo la asignación no demasiado bien definida de los temas de la Agenda 2030 al vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, casi todos los departamentos con dimensión exterior relevante están en manos de los socialistas (Asuntos Exteriores, Defensa, Asuntos Económicos, Transición Ecológica, Cultura y, por supuesto, la presidencia misma de Sánchez), pero ya ha quedado demostrado que ese reparto de carteras no servirá siempre de cortafuegos para que los debates políticos internos, algunos ciertamente pintorescos, no afecten demasiado a la política exterior y europea».

Calificar los debates como pintorescos supone la utilización contenida y sobria de la lengua española para expresar con moderación lo que es una sucesión inagotable de desacuerdos, trampas y desconfianza mutua que convierten lo que debería ser el lógico diálogo interno en el seno de un gobierno, en un espectáculo obsceno que expone en la plaza pública aquello que suele resguardarse de puertas hacia dentro. Si en España, donde ya estamos acostumbrados, nos sigue sorprendiendo, imaginen los informes que las embajadas en Madrid enviarán a sus capitales.