Sostiene Cayetana

Doña Cayetana es conocida por sus críticas liberales a la izquierda y el nacionalismo, unidos no solo por el afán de poder sino «también por algo más profundo: su aversión a la libertad»

FOTO: David Zorrakino Europa Press

Hace poco, Caín dedicó en LA RAZÓN una viñeta a Cayetana Álvarez de Toledo. Se veía a un hombre, con aspecto de pocas luces, que proclamaba: «Yo digo Amén a las ocurrencias de mi partido para que el latín no desaparezca del todo». A la diputada del Partido Popular, en efecto, nadie podrá acusarla de falta de principios ni de seguidismo servil. Lo inquietante, sin embargo, es que sus ideas provocaron su defenestración como portavoz del PP, y aun podrían acabar con su carrera en el partido. Conviene, por ello, revisar sus razones, que expone en su reciente libro, «Políticamente indeseable».

Doña Cayetana es conocida por sus críticas liberales a la izquierda y el nacionalismo, unidos no solo por el afán de poder sino «también por algo más profundo: su aversión a la libertad». Autoritarios, se justifican en el bien superior, el Estado o la nación, pero «el resultado es el mismo: la erosión de las libertades públicas y el retroceso económico. Una sociedad cautiva, dependiente, sumisa».

No acepta la diputada los bulos de los llamados progresistas, empezando por la manipulación de la Guerra Civil, que aseguran desear no repetir. Ella replica: «Falso. La promueven para revivirla, ganarla e imponer ahora una España de los vencedores, contra el mandato de la Transición y de la propia política. El guerracivilismo socava el suelo de la nación. En esto es idéntico a las políticas identitarias: puro separatismo».

El proyecto de Álvarez de Toledo aspira además a «acabar con la presunta superioridad moral de la izquierda y con el síndrome de Estocolmo de la derecha»; incluyendo «la consideración del antifranquismo como una patente de corso moral», como si ser antifranquista fuera sinónimo de demócrata, liberal y moderno.

Impugna el feminismo radical y también la fantasía conforme a la cual la gente en política solo quiere gestión y no dinámicas culturales, y llama al «despertar de los progresistas ilustrados contra la deriva reaccionaria de la izquierda».

Así piensa Cayetana Álvarez de Toledo. Ahora mire usted lo que ella señala: «los peores ataques provinieron del interior de mi propio partido». Recuerde los problemas de Isabel Díaz Ayuso, otra mujer del PP con principios liberales, frente a Pablo Casado y sus jenízaros. Y no me diga usted que todo esto no es inquietante.