Las tonterías del frívolo Garzón

Sánchez lo destituiría si pudiera, pero está atado por las condiciones del gobierno de coalición

Francisco Marhuenda

En cualquier organización es fundamental que no haya nadie desocupado. Es una máxima inapelable, porque los ociosos no hacen más que enredar. Es el problema que tiene Sánchez con el ministrillo Alberto Garzón, que ha demostrado su capacidad ilimitada para hacer el ridículo y meter la pata. Su última ocurrencia ha sido afirmar en el diario británico The Guardian que «España exporta carne de mala calidad de animales maltratados». En primer lugar, es una enorme mentira que denota su ignorancia. No voy a entrar en que el cargo le viene grande, porque es una obviedad. Es además muy poco patriótico poner a parir a tu país en el extranjero y perjudicar a un sector importante de nuestra economía con una generalización impropia de alguien que calienta la silla en el consejo de ministros. A estas alturas resulta escandaloso que cobre por no hacer nada y goce de los privilegios de su cargo, pero al menos podría mantenerse en silencio. Le caracteriza una imprudente soberbia que le conduce a cometer despropósitos de estas dimensiones. No tengo ninguna duda de que Sánchez lo destituiría si pudiera, pero está atado por las condiciones del gobierno de coalición.

Esta enésima metedura de pata del ministrillo, pone de manifiesto que es una lástima que no hubiéramos seguido los pasos de Alemania con una gran coalición entre el PSOE y el PP. Hubiera sido una encomiable muestra de patriotismo al servicio de la sociedad española. A Garzón le quedaba mucho tiempo por delante para poder adquirir la experiencia, formación y sentido común necesarios para asumir la condición de ministro. No puede ser que el ascensor social de la política permita que un incompetente represente a nuestro país. Garzón debería rectificar y pedir disculpas. No sé si esas frívolas declaraciones son consecuencia de que crea que comerse un buen chuletón no encaja en su condición de pijo progre. A la gauche caviar le complace estos gestos excéntricos que eran característicos de los superficiales compañeros de viaje del comunismo. España cuenta con un sector ganadero que cumple las normas sanitarias y ofrece unos productos de la máxima calidad. Es una lástima que Garzón no se dé cuenta de que hace el ridículo con su frivolidad política.