Ni coches rosas, ni muñecas rubias, ni maquillaje: Así es la “libertad para jugar” de Consumo

Una guía del Ministerio de Consumo, llamada «Libertad para jugar» incluye 23 páginas de advertencias y prohibiciones: no a los coches rosas, el maquillaje o muñecas rubias y delgadas

En el Teatro de Títeres del Parque del Retiro, decenas de juguetes se declaraban en huelga el pasado doce de diciembre, según indicaban los cartelitos que tenían delante cada uno de ellos. Un niño alargaba su manita hacia un Hulk de plástico. Otro intentaba coger unos soldaditos, ignorando a la Barbie vestida de rosa chicle que tenía justo delante. Y una niña se empecinaba en reclamar el osito de peluche pese a los infructuosos intentos de su concienciada madre por atraer su atención hacia el Spider-Man o, en su defecto, un dinosaurio. Ellos no los sabían, pero estaban actuando casi subversivamente, como si un párvulo micropiquete intentase boicotear el acto a Alberto Garzón –la huelga de juguetes era una iniciativa del Ministerio de Consumo para concienciar sobre el sexismo en la industria y la publicidad del juguete– haciendo exactamente lo que él pretendía evitar. Aparecía entonces un señor disfrazado de oso «en representación de todos los juguetes del mundo». Llevan años, explicaba, soportando que les encasillen y les digan que nacieron solo para jugar con niños o solo para jugar con niñas y por eso dicen «basta». «Aunque estemos hechos de plástico o de hojalata también tenemos corazoncito», decía. Conmovedor.

«Parece como si la concepción de esta campaña partiese de la idea popular, fuertemente arraigada en nuestro pensamiento, de que el ser humano es perfectamente moldeable por la educación y el contexto», explica Sergio Parra, periodista y divulgador científico. «Pero lo cierto» añade «es que hay rasgos que, podríamos decir, vienen de serie y que poco o nada pueden modularse. De hecho, la literatura científica es muy pesimista respecto a los logros de campañas institucionales y publicitarias llevadas a cabo en los últimos tiempos sobre este tema».

Los mismos gustos en 50 años

Efectivamente, un reciente estudio publicado por Jac TM Davis y Melissa Hines (Cambridge) sobre la materia, concluye que no se ha encontrado evidencia de que los niños y las niñas hayan variado sus preferencias en cuanto a juguetes de manera significativa en los últimos cincuenta años. Este metanálisis, tras examinar 75 estudios diferentes realizados en estos últimos 50 años, indicaba que «puede ser tentador pensar que los cambios sociales a lo largo del tiempo podrían estar reduciendo el juego de los niños con juguetes relacionados con el género, dados los argumentos de que jugar con un conjunto más amplio de juguetes sería beneficioso tanto para niños como para niñas. Desafortunadamente, sin embargo, el amplio cambio en los roles sociales de hombres y mujeres no parece haber influido en la elección de juguetes de los niños».

El parque del Retiro de Madrid acoge una huelga simbólica de juguetes para sensibilizar sobre el sexismo en los juguetes.
El parque del Retiro de Madrid acoge una huelga simbólica de juguetes para sensibilizar sobre el sexismo en los juguetes. FOTO: LUCA PIERGIOVANNI EFE

La explicación podría ser biológica, tal como indica un estudio realizado por la Universidad de Londres sobre las diferencias de sexo en las preferencias de juguetes de los niños: las diferencia de género al elegir juguetes existen y parecen tener un origen biológico. «A pesar de la variación metodológica en la elección y el número de juguetes ofrecidos, el contexto de las pruebas y la edad del niño» concluye «la consistencia en encontrar diferencias de sexo en las preferencias de los niños por los juguetes según su propio género indica la fuerza de este fenómeno y la probabilidad de que tenga un origen biológico».

«En realidad se trata esta de una cuestión muy compleja» explica Parra «y no se ha encontrado todavía una respuesta concluyente. Podemos encontrar estudios que refuerzan una tesis y también otros que lo hacen con la contraria. Lo cierto es que el proceso por el cual los niños sienten preferencia por un juguete o por otro es un proceso cognitivo complejo, determinado por procesos sensoriales, perceptuales y motores». Desde el área pedagógica de AIJU (Asociación de Investigación de la Industria del Juguete) se realizan análisis sobre el comportamiento infantil y su evolución, así como las tendencias sociales, y según recientes estudios el 64% de las familias piensa que los juguetes no trasladan valores de géneros. Además, afirman no tener problemas para encontrar juguetes no estereotipados en el mercado. «De hecho» indica Pablo Busó desde AIJU «el porcentaje de familias que afirman sí tener problemas para encontrar juguetes no sexistas ha disminuido de un 31% en 2016 a un 17% en 2019, lo que mostraría una clara mejora de este indicador». También ha aumentado, según sus datos, el porcentaje de familias que ha comprado muñecas a sus hijos varones, que habría pasado de un 35% en el año 2016 a un 59% en la actualidad. El de familias que ha comprado figuras de acción a niñas también ha aumentado del 33% en 2016 a un 48% actual. De todos modos, el principal factor a la hora de comprar un juguete, indican, es la petición infantil.

¿Libertad sin libre elección?

Precisamente ese deseo infantil, esa preferencia manifestada, es la que no aparece por ningún lado como digna de ser atendida en la guía «Libertad para Jugar, guía para la elección de juguetes sin estereotipos sexistas», que dentro de esta campaña de concienciación de la sociedad presentaba el ministro de Consumo, Alberto Garzón, el pasado viernes 17 de diciembre. En ella, tras una introducción en la que solo se citan aquellos estudios que avalan la tesis de que toda diferencia en las preferencias de los niños se deben únicamente a factores sociales, se nos explica cómo detectar rápidamente un juguete sexista. Y descartarlo. El sexismo se esconde en todas partes, nos dice: en las formas redondeadas o demasiado angulosas, en el rosa y el azul, en los diminutivos y en los aumentativos, hasta en los adjetivos calificativos y en la piel muy blanca de algunas muñecas. Nos recomiendan no comprar juguetes con nombres poco éticos, ni aquellos que no utilicen tonos neutros, ni las muñecas con la cabeza demasiado grande o la cintura demasiado fina, ni blancas, ni rubias, ni guapas, ni superhéroes. Tampoco coches rosas, ni tocadores con maquillaje. Veintitrés páginas en las que en ningún momento se habla de las preferencias libres del niño, pese a que se titule, precisamente, «Libertad para jugar». De hecho, nos invita a no juzgar a nuestra criatura si «muestra interés por juguetes que no necesariamente coinciden con el género socialmente asignado a su sexo, permítele explorar sin emitir juicios de valor». Pero… ¿Qué hacemos si muestra interés por juguetes que sí coinciden con el género socialmente asignado a su sexo? ¿Le permitimos explorar sin emitir juicios de valor o hacemos lo que dice la guía?

El ministro de Consumo, Alberto Garzón, en su participación en el acto de la simbólica campaña para sensibilizar sobre el sexismo en los juguetes.
El ministro de Consumo, Alberto Garzón, en su participación en el acto de la simbólica campaña para sensibilizar sobre el sexismo en los juguetes. FOTO: LUCA PIERGIOVANNI EFE

«Los niños prefieren los juguetes masculinos» explica Sergio «mientras que las niñas prefieren los juguetes femeninos pero también pueden sentir interés, con mayor facilidad, por todos los juguetes. Ocurre con otros animales, como los macacos. Un estudio publicado en 2008 mostraba como estos animales presentaban preferencias similares según su sexo a las de niños y niñas humanos. Las preferencias –añade– parecen reflejar diferencias neurobiológicas entre machos y hembras. No serían pues debidas únicamente a la socialización, como sugieren las teorías congnitivo-sociales del comportamiento sobre los roles de género. La influencia biológica parece innegable».

«No creo que esta campaña tenga ninguna utilidad real ni vaya a cambiar de manera sensible las preferencias de niños o niñas» comenta el divulgador. «Parece más bien enfocada, no tanto a concienciar o alcanzar un objetivo, sino a conseguir un rédito electoral ante un votante específico que parece esperar este tipo de gestos». La Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ) hacía público un comunicado el pasado día 15 en el que desaprobaba la «instrumentalización de los niños» que se hace con una propuesta como esta: «Jugar es una asunto muy serio y más allá de los instrumentos que se utilicen para operativizar el juego, ya sean juguetes u otras herramientas, debería promoverse, que no desincentivarse, pues es la base de una infancia sana y feliz y de una sociedad más próspera».