La Infanta admirable

«Doña Cristina ha sido a lo largo de toda su vida, y en medio de situaciones a veces extremas, una Infanta admirable»

Luis María Anson

Doña Cristina es una mujer que destaca por su inteligencia, su espíritu constructivo y su capacidad para la moderación y la ecuanimidad. Cursó con brillantez todas las asignaturas universitarias y sus compañeras y compañeros subrayaron en aquella época su sencillez y su falta de presunción.

Trabajó en Barcelona, en la Caixa, durante largos años. Jamás llegó tarde a su despacho. Luis Reverter me explicó que no se le dispensó un trato exclusivo y que fue modelo tanto en su trabajo como en el trato humano.

Cuando se movía en el entorno de los quince años me llamó el Rey Juan Carlos para encargarme que acompañara a la Infanta a un acto que presidía en la Universidad de El Escorial. Puedo dejar constancia de la simpatía y la sencillez que Doña Cristina derrochó en aquel exigente mundo universitario.

Asistí a su boda en Barcelona. La nieta de Don Juan, la hija de Don Juan Carlos, se había enamorado de un jugador de balonmano. Fue feliz durante largos años. Siguió atendiendo su trabajo además de las obligaciones familiares derivadas de su casa y del cuidado de sus hijos. Su marido se metió en absurdas operaciones económicas y la Justicia le instaló en la cárcel. Un juez, que ahora es diputado de Podemos por Baleares, sentó a la Infanta en el banquillo de los acusados. Doña Cristina fue absuelta, tras sufrir la maledicencia, las insidias y el linchamiento de algunas televisiones. Nunca se quejó de nada. Siguió cumpliendo con su trabajo y con su papel en Barcelona porque su padre, el Rey, sabía lo importante que era vincular a una persona de la Familia Real con Cataluña.

El marido en la cárcel, Doña Cristina mantuvo una conducta admirable. Estuvo siempre al lado del padre de sus hijos. Se portó con él de forma que provocó el elogio general. Fue en todo momento impecable. Su abuelo Don Juan se hubiera sentido orgulloso de ella, como lo estaban su padre Don Juan Carlos, su madre Doña Sofía y sus hermanos.

La vida es como es. Y, tras 25 años, se ha quebrado el matrimonio de una Infanta admirable, que sigue manteniendo su buen sentido, en medio del torrente mediático de los bulos, los chismes, los cotorreos, las insidias y las descalificaciones.