La tragedia de Ucrania en directo por móvil en Madrid

En ese mismo momento, «eran las cinco en pánico de la tarde», hubiera escrito Lorca, aviones de combate rusos sobrevolaban Lutsk, la ciudad de Ucrania en la que vivía Biskub

FOTO: Orlando Barría EFE

Madrid, jueves 23 de junio. «A las cinco de la tarde», la hora lorquiana del «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías». Una prolongada y agradable sobremesa en el campus de la Puerta de Toledo de Madrid, de la Universidad Carlos III. El catedrático Carlos Moreiro, director del Máster de Derecho de la UE de la Escuela de Postgrado del centro docente, toma café con la ucraniana Iryna Biskub, profesora de la Universidad Nacional de Europa del Este Leysa Ukrainka Volyn. Es especialista en lingüística aplicada y sus investigaciones se han centrado en los «métodos de codificación computacional de las características aspectuales del verbo inglés». Uno de sus últimos trabajos, antes de que la guerra de Putin cambiara su vida, estaba dedicado a «las imágenes mentales en la conferencia de Bertrand Russell ¿qué deseos son políticamente importantes?».

«A las cinco de la tarde», la conversación, en la que había más personas, versaba, claro, sobre Ucrania. Entonces, el sonido de una sirena de alarma, como las tantas veces oídas en las películas, salió del bolso de la profesora Biskub que estaba sobre la mesa. Sorpresa general. Sin embargo, ella, con serenidad, rebuscó en su bolso, sacó un teléfono móvil y silenció el sonido. Luego vinieron las explicaciones. En ese mismo momento, «eran las cinco en pánico de la tarde», hubiera escrito Lorca, aviones de combate rusos sobrevolaban Lutsk, la ciudad de Ucrania, cercana a Polonia y a Bielorrusia, en la que vivía Biskub. Allí, los ciudadanos son advertidos del peligros por sirenas tradicionales y también por una «app» en los teléfonos móviles que reproduce el mismo, penetrante y aterrador sonido y, claro, ese aviso llega allí donde esté el teléfono, también a Madrid. Es el pánico, la tragedia y la guerra por móvil. La profesora Biskub, que está en España con su hija, mientras que su marido y su hijo siguen en Ucrania –los varones en edad militar no pueden salir del país– explicó que hay varias alarmas todos los días, unas más reales que otras, pero alarmas en definitiva. Biskub, como otros compatriotas que han salido del país, está a salvo, pero al mismo tiempo vive la angustia de la guerra en directo con las alarmas de incursiones aéreas o bombas que llegan a su móvil, incluso en la que tenía que ser una sobremesa relajada en la Universidad Carlos III que, por cierto, tiene un programa especial para ayudar a la comunidad universitaria ucraniana, tanto alumnos, como investigadores y profesores. Las cinco en pánico y angustia de la tarde.