El modelo cubano de ahorro energético

Con su sistema socialista, Cuba ha reducido el 30 por ciento el consumo eléctrico

FOTO: David Jar La Razon

Mientras nuestra eximia ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, se afana en reducir el consumo eléctrico español en un 7 por ciento, no sea que los alemanes pasen frío este invierno, el régimen cubano ha conseguido reducciones de la producción eléctrica de hasta el 30 por ciento, éxito que, sin duda, se verá superado tras el incendio de los grandes depósitos de crudo del puerto de Matanzas. Por supuesto, al contrario que nuestro gobierno, en La Habana nada se improvisa y la planificación de los cortes de suministro de luz a los hogares e industrias se publican mensualmente. Hasta ahora, la capital se había librado, salvo apagones imprevistos, pero ya tienen su «planning», que afecta a todos los distritos, con cortes de tres horas en los momentos pico de consumo, que coincide con el mediodía. Ahora se entiende la superioridad estratégica del socialismo cubano, que en la primera década del siglo XXI se empeñó en dotar a los hogares de cocinas eléctricas. No sólo ahorran en electricidad, sino también en comida. Y en cena, que, en las provincias, los apagones duran más de diez horas.

Por si le sirve de guía a la ministra Ribera, el sistema seguido por La Habana es de una simplicidad pasmosa. Primero, se deja que envejezcan las plantas termoeléctricas que funcionan a base de ecológico petróleo. Segundo, no se les da el mantenimiento adecuado. Tercero, se les suministra crudo venezolano con mayor proporción de azufre, lo que acelera el deterioro. Y cuarto, aunque no por este orden, se estataliza todo el sistema eléctrico, que ya se sabe que lo público mola más que lo privado. Si siguiendo estos sencillos pasos, no ahorramos un 30 por ciento en el consumo eléctrico es que no nos merecemos que nos llamen socialistas.

Pero, como en cualquier orden de la vida, hay consecuencias que se deben prever con tiempo y que, sin duda, a la ministra Ribera, con su vista de águila culebrera, nunca se le escaparían. Por ejemplo, la extensión de la infección del dengue, ya que los apagones dejan sin funcionar los ventiladores con los que los cubanos del común mantienen alejados a los mosquitos de sus hogares. Hay, pues, que proveer a la ciudadanía de ventiladores a tracción de sangre, como con las bicicletas. También conviene llevar a cabo campañas de mentalización del personal –lo del calentamiento global y el control de emisiones vendría de perlas–, pues hay sectores de la población, seguramente fachas e insolidarios, que se molestan con estas cosas y toman las de Villadiego a poco que pueden. En los últimos ocho meses, 150.000 cubanos han abandonado el país, según datos oficiales, y aunque sabemos que la tentación de deshacerse de los votantes populares por medio del exilio es atractiva, Nicolás Maduro es un referente en este campo, en España quedaría muy feo.

En fin, que el modelo de ahorro energético cubano es de lo mejor y más eficaz que se vende en política medioambiental, entre otras razones, porque cumple las dos funciones que conforman la estrategia de nuestro Gobierno: la lucha contra el calentamiento global y favorecer que los alemanes tengan calefacción este próximo invierno. Teresa Ribera, cumplida socialista y adalid del ecologismo, debería ponerse a ello, con el ministro Alberto Garzón al frente de todo el tinglado, estatal, por supuesto.