Ayudar al monaguillo

La Razón
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Las elecciones municipales de 1979 no las ganó el PSOE, pese a lo que piensan muchas personas, la victoria fue de la extinta UCD, que obtuvo casi 800.000 votos más que los socialistas. De igual manera, comicios posteriores, como en el 2003, fueron ganados por el PSOE, pero la mayoría de la sociedad está convencida de que la victoria fue para el PP. La percepción del resultado viene determinada por determinados símbolos.

Sin duda, los resultados que simbolizan la victoria en las elecciones municipales son Madrid y Barcelona. En 1979 fue alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván, y de Barcelona, Narcís Serra. Había poco más que analizar, la capital de España y la segunda ciudad del país gobernada por socialistas representaba la victoria en las elecciones municipales en sí misma. De hecho representó la victoria entre las clases medias y urbanas españolas, cuestión clave para ganar electoralmente en España.

Tierno se convirtió en poco tiempo en un símbolo de modernidad, de libertad, de modelo intelectual comprometido, de vanguardia cultural y fue el buque insignia de que los socialistas gobernaban bien y gobernaban de la forma en que la gente quería ser gobernada. Tres años después el PSOE sacó el archisabido resultado histórico.

Ayer, Podemos llegó a Cibeles de la mano de la Sra. Carmena y su versión catalana, la Sra. Colau, a la Plaza Sant Jaume. De nuevo, dos auténticos símbolos que traerán consecuencias para el mapa político nacional en el futuro inmediato. He defendido en esta misma tribuna, y fuera de ella, que otorgar un cheque en blanco a Podemos para gobernar en la capital de España es la liquidación del PSOE en Madrid.

Si la Sra. Carmena lograse una gestión exitosa y se convirtiese en un «nuevo Tierno», sin duda consolidaría al Sr. Iglesias y a Podemos, y convertirían Madrid en su referencia nacional de la izquierda. Por el contrario, si su gestión llega a ser desastrosa, cuestión que parece muy probable, porque Tierno Galván era un político con un proyecto sólido y mucha experiencia política detrás, y porque los equipos que acompañaron a D. Enrique en la gestión de su proyecto político eran muy solventes; entonces los madrileños volverán a votar al PP por un largo periodo de tiempo.

En este caso, los ciudadanos no mirarán al PSOE porque el PSOE ha sido quien le ha dado el poder a Podemos, y, por tanto, sin participar en ello, se convierte en responsable de sus actos. Gobernar la ciudad de Madrid no sólo es contemplar las grandes infraestructuras, como soterrar la M-30, Madrid Río y la gestión macro, también es gobernar las Juntas de Distrito, proporcionar ayuda a domicilio a los mayores de la ciudad, gestionar los centros culturales en los barrios, poner en marcha planes de empleo y un sinfín de acciones de política micro que hace que la vida de las personas sea mucho mejor o mucho peor.

Cuando una de las figuras más admiradas del socialismo español, Felipe González, que ha tenido notable influencia en las decisiones de la dirección del PSOE en los últimos meses, ataca a Podemos y su vinculación venezolana, se pone de manifiesto una gran contradicción entre el discurso y la práctica. Y cuando el discurso y la práctica se contradicen se produce un problema de deslegitimación y se hacen incomprensibles los actos. El Partido Socialista debe resolver varias incógnitas. En primer lugar, si Podemos es un partido radical, y, por lo tanto, no puede ser socio de ninguna de las maneras, o si, al entrar en las instituciones y asumir responsabilidades, se están incorporando al sistema y pasan a formar parte de la denostada «casta». Cuando se les da el apoyo para que obtengan el poder en la capital de España, parece que la respuesta está más en sintonía con el segundo planteamiento.

Entonces, la pregunta es ¿Hay riesgo de que la gestión sea un desastre? Esta cuestión no es menor, un balance de gobierno municipal de esas características arrastraría al Partido Socialista. Si va a ser corresponsable, Ferraz debería haber permitido participar en la toma de decisiones.

El camino más adecuado para la reconstrucción de una hegemonía socialista en la izquierda no es compatible con ser el ayudante del monaguillo en Misa, pasa por recuperar autenticidad, por actuar de acuerdo al proyecto autónomo que representa la socialdemocracia y sobre todo, por ganar credibilidad y eso se consigue manteniendo la coherencia entre el discurso y los actos que se realizan.