Competitividad, USA y Alemania

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Es conocida la clase de Robert Reich, posiblemente el mejor ministro de Trabajo de la historia norteamericana, donde muestra cómo de un teléfono móvil estadounidense extraen beneficios económicos, primero, Japón; después, Alemania; a continuación, Corea del Sur y, finalmente, EE UU. Reich utiliza el ejemplo para mostrar cómo EE UU ha ido perdiendo competitividad y cómo es indispensable recuperarla en un mundo crecientemente globalizado. He recordado este episodio tras contemplar el rifirrafe entre Trump y Merkel en el curso del cual el presidente de EE UU ha acusado a Alemania de hacer trampas con la moneda y la ha instado a comprar más armamento norteamericano para equilibrar la balanza comercial. Yo comprendo a Trump que ha ganado las elecciones con el respaldo de millones de norteamericanos convencidos de que EE UU es una potencia buena, casi tontorrona, de la que abusa todo el mundo. Que hay norteamericanos sumamente idealistas no admite duda alguna, pero que así sean sus gobiernos no se corresponde, en absoluto, con la realidad. Estados Unidos perdió su condición de número uno de las exportaciones ya en los años setenta del siglo pasado. Ese puesto no sólo no lo ha recuperado sino que ha ido quedando de manifiesto cómo aparecían rivales nada dispuestos a ceder una posición. Es el caso de una China convertida en primera potencia manufacturera del globo, pero también de una Alemania que ha sabido convertir su economía en fundamentalmente exportadora. Ha conseguido al respecto vender a EE UU mucho más de lo que le compra incluso aunque el euro es una moneda más cara que el dólar y las empresas alemanas tienen que lidiar con unos sindicatos y unas leyes laborales impensables en el país de las barras y las estrellas. A decir verdad, Alemania se ha impuesto a una situación desventajosa. La clave del éxito germano discurre por caminos como la inversión en educación y nuevas tecnologías, el gasto militar moderado y la práctica ausencia de intervenciones armadas. El libre mercado se acompaña además de un estado del bienestar más que respetable. USA carece del estado del bienestar, ha dejado la educación superior y la investigación en manos de la iniciativa privada y mantiene un sistema armamentístico verdaderamente socialista que está en la raíz de guerras costosas y, para colmo, innecesarias. Ahí se hallan las razones del triunfo germano. Sobre ello debería reflexionar Trump.