Desde Washington (y III)

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He señalado en las entregas anteriores el profundo abismo que media entre nuestra política y la que se puede ver en los círculos de poder de Washington. Ayer mismo un amigo, de la manera más involuntaria, me mostró otra de las diferencias que lo explican todo. Le acababan de llegar dos cartas del IRS, el equivalente estadounidense de la Agencia tributaria. Una era un cheque en virtud del cual, sin solicitarlo previamente, el IRS devolvía a mi amigo unos dólares que había pagado de más. La otra era un requerimiento para que una sociedad suya abonara al IRS también unos dólares. Mi amigo sacó el teléfono móvil e ingresó el cheque – sí, han leído bien– como es habitual por aquí. A continuación, extendió un talón, lo firmó y se lo envió al IRS. Paso por alto el que aquí sea habitual ingresar cheques mediante el sistema de hacer una foto y mandarla por teléfono al banco y no quiero extenderme mucho en el hecho de que los cheques los aceptan en todas partes porque si estuviera sin fondos sería un delito federal y se podría ir a la cárcel por haberlo expedido. Sí voy a detenerme en la conducta del IRS. Desde que se fundó esta nación –por cierto, en respuesta a unos impuestos injustos– está inscrito en su ADN que una entidad recaudadora abusiva y que no devuelve el dinero a tiempo tiene la misma legitimidad para cobrar un céntimo que Al Capone y los que vendían su protección. Mi amigo presentó su declaración hace tres semanas y el IRS ya le ha devuelto lo que le debe de manera que no es extraño que él también se haya apresurado a responder. Por otro lado, el IRS no sólo es escrupuloso como un puritano sino que además envía en todas sus cartas un listado de los derechos del contribuyente. Jamás se entrega a una interpretación creativa de la norma para desplumar al contribuyente, nunca envía notificaciones para consolidar cobros a los que tiene un dudoso derecho y devuelve el dinero con una puntualidad punto menos que paranormal. En España, semejantes conductas no resultan tan habituales y son legión las empresas y los particulares que han quebrado porque andan todavía a la espera de una devolución de Hacienda. Y aun así, el Gobierno tendrá que echar mano de la hucha de la Seguridad social para pagar la extra de Navidad y la Generalidad no puede saldar sus deudas con las farmacias. Ciertamente, Spain is different.