El destino del cobarde

La Razón
La RazónLa Razón

El azar judicial ha hecho coincidir la revisión en Bruselas de la extradición de Carles Puigdemont con la consideración en España de la prisión preventiva de Junqueras, los Jordis y el resto de los ex consejeros encarcelados. Mañana sabremos de las decisiones de los jueces en ambos casos. Teóricamente, sería posible que Junqueras saliese de la cárcel cuando Puigdemont entrase. Por ahora, los fiscales del Tribunal Supremo, Jaime Moreno y Consuelo Madrigal, han solicitado que se mantengan las medidas cautelares para los diez comparecientes, por la gravedad de los hechos. Subrayan además que, bajo su criterio, «persisten los riesgos de fuga y reiteración delictiva». En cuanto a Puigdemont, su abogado alargará al máximo la devolución del ex president a España.

Los diez dirigentes catalanes han cosechado la estupefacción de todos los valientes cuando han afirmado sin rubor que no sólo acatan el artículo 155, sino que se comprometen a no reincidir en la vía unilateral. Según Oriol Junqueras: «la declaración de independencia tuvo mero valor político». Me pregunto qué entiende este señor por político. Político es el valor de la Constitución y el orden de derecho que nos rige ¿o es que se cree que el sistema se fundamenta en la coacción? La fuerza es el seguro que nos damos los ciudadanos cuando nos negamos a tomarnos la justicia por nuestra mano y delegamos en las fuerzas de seguridad del Estado, pero los motivos para ello son políticos: el deseo de vivir en paz en la polis. Cualquier intento «político» de romper este consenso es un atentado contra la convivencia. La DUI «política» pudo costarnos una revolución en las calles de Barcelona y un enfrentamiento entre españoles.

Veremos qué decide su señoría el juez Pablo Llarena, pero me parecería estupendamente que los diez traidores a la Constitución permaneciesen en prisión. Para empezar, en efecto, porque no hay delito mayor que poner en riesgo de conflicto civil a tus vecinos, pero además porque hay riesgo evidente de fuga ¿acaso hay algo más tentador que huir del juez cuando llegue el momento y marcharse a vivir tan ricamente a Bruselas con el jefe? ¿Y si el ex president está fugado, por qué no habrán de estarlo los subalternos? ¿Alguien se imagina el problema para Europa de un incremento de la pandilla de los prófugos?

Veremos qué pasa el lunes, pero qué verdad es que uno es reo de su propio destino. Carles Puigdemont ha sido cobarde y, al abandonar ante los jueces a sus compañeros de causa, se ha colocado la soga al cuello. Si sus colegas salen libres, será una paradoja estruendosa que él siga en Bélgica gastando miles y miles de euros catalanes. Si continúan entre barrotes, el dedo público lo señalará como traidor. Cuánto mejor hubiese hecho en colocarse ante los tribunales. En las largas y aburridas jornadas belgas –sin apoyo institucional, tratado por el establishment como un apestado, con frío y lluvia en las calles– Carles Puigdemont recordará con nostalgia, no sólo el sol mediterráneo, sino el momento en que se equivocó poniendo pies en polvorosa.