El inquilino

¿Y si el hostil es el inquilino y no el casero? España, incluso la Cataluña española que roza el cincuenta por ciento de la población y a la que tienen como realquilada los nacionalistas, también tiene derecho a estar hasta la coronilla de tanto falseamiento de la historia y de tantas toneladas de mentiras. Aquí si que sí, señor Rubalcaba, está habiendo quintales de mentiras, algunas de ellas aplaudidas por un sector muy significativo de su partido hasta hace un cuarto de hora, como las que lleva lanzando el señor Mas en los últimos años. En este caso es el inquilino el que se pasa el contrato de arrendamiento por el forro mientras los presuntos arrendadores, o caseros, estamos todo el día inyectando dinero para que el piso que han decidido «okupar» CIU, Esquerra y los batasunos con barretina y chancletas, no se venga abajo por las obras no contempladas en el contrato de arrendamiento y que han ido desfigurando una propiedad que era de todos, y no sólo que quienes tienen la desfachatez de identificarse con el pueblo catalán como siempre han hecho quienes, en el fondo, tienen un poso autoritario, y un punto sectario y xenófobo. Artur Mas es cada día menos la solución para Cataluña. Mas es el problema que tiene Cataluña para escapar del callejón sin salida al que le ha llevado una Convergència que ha demostrado que es incapaz de solucionar los problemas reales de sus ciudadanos. Millones de euros que el Govern maneja con los impuestos de todos los españoles, y no sólo de quienes viven en Cataluña, se han desviado para crear este clima irrespirable de odio y rechazo a todo lo que representa España. Pero lo indignante es que es el casero quien sigue pagándole las mensualidades al inquilino con la esperanza de que algo de eso le llegue a los parados, a la Sanidad y a los servicios sociales básicos. El discurso soberanista y la pasta gansa que ha costado montarlo, es lo que para muchos españoles convierte al inquilino en hostil y al casero en un tonto útil.