El referéndum de la señorita Pepis

Resulta paradójico ver que los mismos a quienes se les llena la boca proclamando las excelencias democráticas en la Venezuela de Maduro o la Bolivia de Evo, por no hablar de su permanente justificación de regímenes como el cubano, descubren tras décadas de democracia que existe un objeto llamado urna del que ahora tratan de apropiarse como si fuera su particular «kit plebiscitario de la señorita Pepis».

Mañana culmina con la proclamación de Felipe VI el primer relevo no traumático de nuestra historia en la jefatura del Estado, coyuntura que aun así no desaprovecharán quienes claman por un referéndum que revise un modelo de monarquía parlamentaria que hace décadas –y en referéndum–nos dimos los españoles.

Han descubierto la palabra «referéndum» para revisar lo que interesa, a ser posible lo que sí funciona. Pero si quieren poner patas arriba el Estado de Derecho señalando tácticamente la figura de una urna, deberían cuestionar también cada equis años otros temas no menores: Preguntemos en referéndum sobre la vuelta al cumplimiento íntegro de penas para terroristas y violadores, preguntemos sobre el modelo de subvenciones que acaban en suculentas mariscadas o preguntemos sobre la ilegalización de determinadas formaciones extremas que no sólo son nazis.

IU –y esperemos que no acabe en esa deriva una parte del PSOE– está perdida para la causa de la estabilidad mientras tenga que disputarse un puñado de votos con «Podemos». A Cayo Lara le ha picado el furor del referéndum y por eso me pregunto si lo haría extensivo a otros enunciados como: ¿devolvería a la cárcel a terroristas con varios delitos de sangre o al violador del ascensor, ilegalizaría a partidos de corte totalitario de extremas derecha e izquierda, ilegalizaría a Bildu, reduciría el número de liberados sindicales? Pregunten, pregunten.