El reloj que gira al revés

La Razón
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Si alguien tiene la peregrina idea de visitar La Paz en Bolivia podrá contemplar un objeto harto revelador. Es un reloj que se encuentra en el edificio de la denominada Asamblea legislativa del Estado plurinacional. Señalará el amable lector que no termina de entender qué puede tener de particular un reloj, pero, ciertamente, se trata de un aparato nada común. Evo Morales, el mestizo que se finge indio y que siempre soñó con ser un gran jugador de fútbol, decidió que aquel reloj girara al revés de todos los que existen y que en el mundo han sido. La razón para tan peregrina idea era que Morales pretendía que su gobierno diera una muestra universal de su voluntad de lucha anti-imperialista. La orden – como sucede en todas las dictaduras– fue cumplida a rajatabla por absurda que fuera procediendo a superponer números nuevos sobre los originales. Así, sobre caracteres romanos se colocaron otros arábigos en los que, a la derecha del doce, iban apareciendo el once, el diez, el nueve y así sucesivamente. La antigua república de Bolivia se ha convertido, por capricho de Evo Morales, en estado plurinacional donde se dan cita nada menos que treinta y seis nacionalidades que ni los mismos bolivianos conocen. Pero ni semejante galimatías ha evitado que los sufridos bolivianos contemplaran cómo los números nuevos han terminado por perder la pintura ocasionando una pesada mezcla de grima y vergüenza ajena. No pude evitar que el disparatado reloj que camina en contra de la realidad me viniera a la cabeza al escuchar las pretensiones de poder que manifiesta Pablo Iglesias. Resulta que Podemos no ambiciona controlar algún ministerio relacionado con asuntos sociales sino aquellos organismos que, históricamente, han permitido a los comunistas controlar el gobierno y dar golpes de Estado. No quieren el ministerio de la vivienda sino el CNI y no ambicionan la cartera de la mujer sino el control de los medios de comunicación. Era escuchar a Iglesias y sentir que España había puesto su reloj a caminar invertidamente para llegar a la España del Frente popular de mayo de 1937 con el PCE controlando todo o a la Hungría, Checoslovaquia o Polonia posteriores a 1945 donde se aplicaba la estrategia del salchichón consistente en que los partidos comunistas, raja a raja, se comían el estado. Naturalmente, sería solo el principio porque, puestos a marchar hacia atrás, si se consuma la alianza de Pedro y Pablo, como sus tocayos de los Picapiedra, acabaremos en el Paleolítico.