Fútbol bajo sospecha

La «operación Puerto» ha destapado la sospecha de que el fútbol también estaba involucrado en el problema. Ha sido el ex presidente de la Real Sociedad, Iñaki Badiola, quien ha vuelto a clamar por un asunto que en 2008 paso inadvertido. Entonces peroró en el desierto y ahora, favorecido por el juicio a Eufemiano Fuentes y demás compañeros de viaje, ha vuelto a aparecer la infortunada figura del también ex presidente José Luis Astiazarán quien, si todo se confirmara, habría sido consentidor y cómplice de una vergonzante campaña en la que estarían también implicados los médicos del club. Astiazarán no fue presidente modélico. De su administración sólo cabe señalar como hecho destacado que dejara el club sumido en la miseria. La Real, club por tantos conceptos admirable, que nunca ha dado que hablar por cuestiones infamantes, creadora de grandes futbolistas, ha aparecido en los papeles, inesperadamente, con la misma ignominia que determinadas entidades y figuras deportivas que hicieron del dopaje una manera perversa de entender el deporte.

Juega la Selección contra Uruguay en amistoso montado por los petrodólares y el hecho, pese a tratarse de la tan ponderada «Roja», ha pasado a segunda página. El dopaje nunca había puesto bajo sospecha de manera tan preocupante a un club de fútbol. Surge de nuevo la necesidad de replantearse los sistemas de control. Con la orina no basta. Hay sustancias que escapan a su análisis. Son necesarios también los exámenes por sorpresa y los estudios de la sangre. El fútbol ya no es un caso aparte.

Posdata. En Doha, otro bolo para hacer caja.