¡Hágase la luz!

Para los de a pie, todo lo que rodea a la electricidad en España es confuso y oscuro. Vamos, un lío en el que debe hacerse la luz. Lo sucedido durante los últimos días no es más que la guinda del pastel o la gota de agua que ha colmado el vaso, según se quiera mirar, con el Gobierno dando tumbos, especialmente el ministro Soria y el secretario de Estado de Energía, uno de los hermanos Nadal, que lo iba a arreglar todo, mientras los ciudadanos, consumidores y usuarios de la electricidad, es decir, todos, no dábamos crédito a lo que sucedía. Finalmente, el Ejecutivo de Mariano Rajoy decidió sacar las fuerzas de choque de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) para parar la ofensiva. Repito que en asunto tan oscuro como el de la luz, se impone un poquito de claridad. ¿Qué coste tiene producir la electricidad? ¿Cómo se calcula lo que pagamos por la luz? ¿No es posible hacer un recibo simple y sencillo que entendamos todos? Hay más preguntas, porque el problema tiene múltiples vertientes, pero yo destacaría dos. La primera, que las subidas, justificadas o no, nos afectan a todos directamente por el consumo en nuestras casas. La segunda, muy importante, que las empresas españolas, sobre todo aquellas que son intensivas en uso de energía eléctrica, serán menos competitivas a medida que la tarifa se vaya disparando, y eso al final termina traduciéndose en pérdida de puestos de trabajo. Estamos ante un asunto muy sensible. Somos un país deficitario en energía y debemos ser conscientes de ello. Urge disponer de una vez por todas de un modelo energético claro y que permanezca en el tiempo. ¡Hágase la luz de una vez en la energía!