Humanismo

Atravesamos días de convulsiones de todo orden y, especialmente, morales. Las denuncias de inestabilidad en la convivencia, desde los vestuarios de un equipo hasta las trampas de los corruptos, nos tienen instalados en la pesadilla. Sin embargo, siempre defenderé a la mayoría honesta, a la sociedad que lucha por los suyos y lo legítimamente suyo, porque los delincuentes están en minoría, aunque generen más ruido que las personas decentes.

Esta España, doliente y quejumbrosa, precisa de un renacimiento intelectual e histórico, decidido y exigido en común. Resulta irremediable un golpe de «auctoritas», que obedece a la moral, asumido y trabajado por el conjunto. El humanismo, de aplicación en todos los ámbitos, basa su idea en la conducta y en la dignidad del hombre. Este movimiento, nacido en el siglo XIV para salir de las penumbras medievales, se ha convertido en el asidero único de una sociedad asfixiada por avaricias, envidias, desmedidas ansias de poder, falsos éxitos y trampas constantes. Mentiras y delitos.

Hace años que me ocupa más mi conciencia que mi reputación y el futuro de nuestros hijos más que el presente de sus padres. Prevalece mi idea del yo al titular de un telediario. A muchos les sucede lo contrario. Han convertido su alma en una efímera portada.

Luchemos por un nuevo Renacimiento del siglo XXI para no revivir las ancianas pesadillas de viejas cruzadas, donde sólo había muerte y desolación a cambio de la ocupación temporal de un castillo en ruinas. La dignidad es costumbre. Humanismo cristiano, valores y conducta. Debemos renacer desde los cimientos. Somos mayoría social y moral en cualquier actividad.