La cuenta atrás

Ya estamos otra vez en campaña electoral. En apenas cuatro meses el Gobierno tiene que pasar el primer examen de su gestión en unos comicios que los ciudadanos, o la mayoría de ellos, consideran intrascendentes en clave interna a pesar de que los países miembros de la Unión Europea cada día dependen más de las decisiones que se toman en Bruselas. Y Bruselas se ha convertido para una parte significativa de la opinión pública en la culpable última de los sacrificios que se han tenido de hacer, y aún se siguen haciendo en gran medida, para intentar salir de una crisis que dura ya seis años y que no termina de vérsele un final razonable. Hay muchos factores que amenazan los frágiles signos de recuperación y, en España, existen demasiados retos a los que aún tiene que enfrentarse el presidente Mariano Rajoy y su Gobierno al que, quizá, habría que darle una manita de minio y pintura ya que en algunos de sus departamentos existen claros signos de oxidación. A pesar de la defensa a ultranza que realizó el presidente en su reciente entrevista con Gloria Lomana en Antena3, es imposible que se le escape que hay ministros que están más quemados que la pipa de un indio y que, aunque hayan hecho su trabajo eficazmente, no han sabido explicarlo a una ciudadanía demasiado expuesta a la demagogia barata de quienes nos llevaron al borde del precipicio con el que se encontró el Partido Popular hace algo más de dos años cuando llegó al poder. Perder las elecciones europeas, aunque sea por la mínima, puede significar el punto de inflexión que espera la izquierda para lanzar toda su artillería contra Mariano Rajoy. Y es una artillería poderosa que llega con mucha facilidad a mucha gente que esta deseando oír promesas aunque, en el fondo, sepan que al final se quedarán en nada.