La mano del verdugo

La Razón
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La consigna, para que no te quiten puntos del carnet de progre, es «respeto». Pues no. Miedo sí, porque los jueces inspiran un temor reverencial, pero una profesión capaz de generar personajes como el inefable Elpidio o la dicharachera Rosell «Miss Aeropuertos», no creo que merezca mayor admiración, estima o veneración, que la de médico, militar, ingeniero o periodista. Uno puede entender el cabreo del juez Castro, quien tras pasarse siete años instruyendo un sumario se ha encontrado con que el tribunal revoca todas sus conclusiones, pero salir diciendo que el tribunal ha dado por bueno que la Infanta era «una mujer florero», sin haber leído la sentencia, es impresentable. No seré yo quien sugiera que el magistrado ha dado la impresión de estar obsesionado con meter a la hermana del Rey en la cárcel, pero creo pertinente recordar que fue pillado yéndose de copas con la abogada de Manos Limpias, mafia que ejercía la acusación particular y cuyo jefe estuvo entre rejas por extorsionador. Todo es tan de brocha gorda en esta España nuestra que nos parece normal que, a los pocos minutos de anunciarse que la Infanta había sido absuelta e Iñaki Urdangarín condenado a 6 años y tres meses, dirigentes políticos de todo pelaje se pusieran a tuitear como posesos y hacer declaraciones sobre una sentencia de 741 folios a la que ni habían echado un vistazo. Lo nuestro, lo de los medios de comunicación, también es para hacérselo mirar, porque en un derroche de amarillismo y en vez de explicar el veredicto, improvisamos a toda prisa encuestas preguntando al personal si les parecía justo. Alguno todavía anda publicando como exclusiva que «el preso Urdangarín tendrá derecho a un vis a vis íntimo con su mujer una vez al mes, no dispondrá de móvil y usará una tarjeta de plástico para gastar100 euros a la semana en el economato», obviando que no ingresará en prisión, porque cabe recurso ante el Supremo y hasta que haya sentencia firme pasará más de un año. Como atenuante periodístico, lo único que se pude alegar es que el fiscal Horrach, que debería saber que los seis años y tres meses son el resultado de sumar penas inferiores a tres años, fue el primero en tirarse imprudente a la piscina y anunciar que pedirá el inmediato ingreso del apaleado Urdangarín. ¿No les choca que por meter la mano en la caja te caigan más de seis años y por provocar por pura avaricia la muerte de cinco niñas en una fiesta de Halloween sólo te endiñen cuatro? A mí me deja atónito.