Política

La paloma en la chistera

El de la comisión gestora que se ha hecho cargo del PSM tras la decapitación fulminante de Tomás Gómez y su mariachi es un papelón mayúsculo que consiste básicamente en hacer comulgar a los suyos con ruedas de molino. Imposible mantener en pie un mínimo grado de credibilidad cuando al mismo tiempo que se intenta convencer al respetable de que el nuevo candidato se va a elegir por un proceso democrático, alguien filtra el nombre de Ángel Gabilondo dando prácticamente por cerrada la negociación. El error ha sido tan clamoroso que más que metedura de pata parece sabotaje.

Todo desde el principio de esta crisis ha sido un despropósito: desde el esfuerzo absurdo de disfrazar de consenso de la Ejecutiva Federal lo que ha sido una decisión personal del líder, hasta este método sui géneris de consulta a la militancia con el que se pretende sustituir el sistema de primarias al que se siguen aferrando a pesar de sus nefastos resultados.

Hubiera sido más honrado explicar la verdad, sea cual sea. Seguramente, los militantes socialistas hubieran entendido que ante situaciones de riesgo extremo –y no hay mayor riesgo que el de desaparecer del mapa– ,hay decisiones que deben tomarse por las bravas, dejando a un lado la llamada democracia interna, que es un término que de cara al público queda muy bien, pero que no deja de ser, como todo el mundo sabe, una guerra fraticida de intereses en la que los apoyos tienen un precio que se cobra y que se paga.

En otros tiempos, cuando el tablero político no era, como ahora, un auténtico cotolengo, todos admitíamos el paripé y hacíamos como que colaba. Ahora, sin embargo, ya no hay lugar para las metáforas. Por eso ya da lo mismo lo que se haga y cómo se haga: nadie puede creer en la magia de un prestidigitador al que se le ha visto esconder la paloma en la chistera.